BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • w59 15/11 págs. 675-676
  • La intolerancia es señal de debilidad

No hay ningún video disponible para este elemento seleccionado.

Lo sentimos, hubo un error al cargar el video.

  • La intolerancia es señal de debilidad
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1959
  • Información relacionada
  • La intolerancia... desde el pasado hasta el presente
    ¡Despertad! 1984
  • Proteger las libertades, ¿de qué forma?
    ¡Despertad! 1999
  • El equilibrio le endulzará la vida
    ¡Despertad! 1997
  • La intolerancia religiosa hoy día
    ¡Despertad! 1999
Ver más
La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1959
w59 15/11 págs. 675-676

La intolerancia es señal de debilidad

POR todas partes, desafortunadamente, se halla ese mal moral que llamamos la intolerancia. No sólo se halla por todas partes sino que también aparece de muchos modos. La naturaleza humana caída es tal que uno puede estar afligido de ese mal sin darse cuenta de ello. Según Wébster, la intolerancia es el “rehusar dejar que otros disfruten de sus opiniones, derechos o adoración.” Sinónimos de intolerancia son “fanatismo, prejuicio, dogmatismo.”

Obviamente, sea la intolerancia cualquier otra cosa que sea, es el rehusar acceder a la justa, lógica, amorosa “regla áurea” de que ‘todas las cosas que queremos que los hombres nos hagan, también de igual manera debemos hacérselas a ellos.’ (Mat. 7:12) Por supuesto, no constituye intolerancia el que un gobierno no tolere el desafuero y el crimen. Tampoco es intolerancia el que una organización religiosa o fraternal se niegue a tolerar entre sus miembros opiniones o prácticas contrarias a las que ella sostiene. El ser socio en una organización de esa clase es asunto voluntario, y si uno no está de acuerdo con sus principios y prácticas no debería desear ser miembro de ella.

Así también la Biblia nos dice que con el tiempo Dios aniquilará a todos los inicuos. (Sal. 145:20) Él no los tolerará en su universo, pero eso no hace que Dios sea intolerante. ¿Por qué no? Porque Dios, por haber creado todas las cosas y en virtud de su soberanía y de sus atributos perfectos de poder, sabiduría, justicia y amor, está en la debida posición para dictar lo que es correcto y mejor para su universo. Puede decirse por lo tanto que la intolerancia es el rehusar presuntuosamente tolerar las opiniones, los derechos y la adoración de otros.

Mientras que la intolerancia invariablemente está asociada con sentimientos de superioridad, es muy probable que éstos sean superficiales; en lo interior yace un sentimiento de inseguridad, de inferioridad; en realidad, un temor debido a debilidad. Así, la campaña de antisemitismo de los nazis tuvo tanto éxito debido a que tantos “arios” alemanes temían a los judíos por causa de los logros de éstos en los campos financiero, científico y artístico. Aun puede decirse lo mismo de la intolerancia racial que existe hoy en toda la tierra; está vinculada con el temor al daño. No, en este caso, debido a logros, sino debido a la superioridad numérica de estas otras razas.

Tal vez en ninguna parte constituya la intolerancia mayor señal de debilidad que en el campo de la religión. Se ha practicado la intolerancia religiosa desde los días de Caín y Abel hasta nuestro día. Los escribas y fariseos, los líderes religiosos del día de Jesús, son otro ejemplo. Por eso dijeron entre ellos: “Ustedes observan que no están logrando absolutamente nada. ¡Vean! el mundo se ha ido tras él.” Temiendo la pérdida de poder, prestigio y ganancia material, conspiraron entre sí e hicieron que se cometiese el más nefando de todos los actos intolerantes, el asesinato de Cristo Jesús. —Juan 12:10, 11, 19.

Constantino, a quien algunos llaman el primer emperador cristiano, practicó Ja intolerancia en el nombre del cristianismo. Aunque en su Concilio de Nicea asistió sólo una sexta parte del número de los obispos de la cristiandad y aunque después de meses de debate no podían convenir en cuanto a si Arrío tenía la verdad o si la tenía Atanasio, sin embargo, Constantino, pagano no bautizado como era, decretó a favor de la trinidad y declaró ilegal toda opinión religiosa que no armonizara con ese dogma.

Existe hoy día la misma intolerancia religiosa. En Oriente algunas personas se alborotan porque alguien se atreve a comer carne de cerdo; otras, porque alguien come carne de vaca. Durante muchos años muchos países de la cristiandad han tenido en sus libros de estatutos leyes que a todos les niegan el derecho de adorar públicamente excepto a los que practican la religión del estado, la cual en la mayoría de los casos es la de la Iglesia católica romana. ¿Por qué esta intolerancia cuando la religión del estado sostiene que entre el 90 y el 99 por ciento de los habitantes le pertenece a ella? ¿No será que teme lo que pudiera suceder si se les permitiese a otros adorar públicamente? ¿No es eso señal de debilidad?

Un reciente ejemplo notorio de tal intolerancia aconteció en el Perú. Un espacioso estadio de deportes había sido contratado para una asamblea nacional de los testigos de Jehová, que había de efectuarse desde el 8 hasta el 11 de enero. Pero la primera mañana varios policías entraron en el estadio portando un documento que llevaba un timbre del gobierno negando el derecho de llevar a cabo esta asamblea. ¿Por qué? Porque no se consideraba que el estadio fuera un “lugar encerrado” o un “templo” en que cualquier organización religiosa aparte de la católica romana pudiese celebrar reuniones. Como resultado su asamblea se celebró en sus dos Salones del Reino locales propios; pero a pesar de tal oposición 1,350 personas estuvieron presentes para oír la conferencia “El reino de Dios domina—¿se acerca el fin del mundo?”

La intolerancia, sin embargo, no tiene que expresarse mediante la violencia para ser lo que es. Tal vez no pase por nuestra mente recurrir a la violencia física, como a veces hacen algunos fanáticos religiosos, pero quizás nos emocionemos hasta el grado de encolerizarnos, gritar o recurrir a expresiones de malicia y mala voluntad, todas las cuales cosas de igual manera son expresiones de intolerancia. Estas también son una señal de debilidad; consciente o inconscientemente tratarnos de compensar la falta de hechos, lógica o autoridad bíblica con una actitud dominante.

La Palabra de Dios les dice a los cristianos cómo hacer su guerra espiritual y qué armas usar: “Las armas de nuestra guerra no son carnales, sino poderosas por parte de Dios para trastornar cosas fuertemente atrincheradas. Porque estarnos trastornando razonamientos v toda cosa encumbrada que se ha levantado contra el conocimiento de Dios, y estamos trayendo todo pensamiento en cautiverio para hacerlo obediente al Cristo.” El arma principal que se usa para lograr este resultado es “la espada del espíritu, es decir, la palabra de Dios,” la cual “es más aguda que cualquier espada de dos filos” de acero. Y esa espada se esgrime, no en ira, ni en odio, ni cruelmente, sino “con un genio apacible y respeto profundo.” La verdad es poderosa, inexpugnable. El que la posee puede predicarla de esa manera con confianza, pues sabe que está de parte de Dios. Él se encargará de que prevalezca la verdad.—2 Cor. 10:4, 5; Efe. 6:17; Heb. 4:12; 1 Ped. 3:15.

    Publicaciones en español (1950-2025)
    Cerrar sesión
    Iniciar sesión
    • español
    • Compartir
    • Configuración
    • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
    • Condiciones de uso
    • Política de privacidad
    • Configuración de privacidad
    • JW.ORG
    • Iniciar sesión
    Compartir