Alaban la paz, pero glorifican la guerra
¿Cuáles son las consecuencias?
DICIEMBRE de 1914. En Europa rabiaba la I Guerra Mundial. Las tropas de ambos ejércitos se hallaban atrincheradas frente a frente, separadas por una franja que aún era tierra de nadie. Entonces, el 25 de diciembre, día de Navidad, ocurrió algo sorprendente.
El libro The War in the Trenches (La guerra en las trincheras), muestra una fotografía en la que se ve a las fuerzas oponentes departir amigablemente, y en su epígrafe dice: “Navidad de 1914, las tropas británicas y alemanas fraternizan”. Alan Lloyd, autor del libro, menciona que las tropas “de hecho se reunieron en tierra de nadie para intercambiar artículos de recuerdo.
”Según el comentario de uno de los protagonistas ‘la situación se asemejaba a las pausas que hay entre un asalto y otro en un combate de boxeo. [...] Todos conversaban y reían e iban a la caza de algún regalo para tenerlo de recuerdo’”.
¿Por qué esta tregua? Porque a estos soldados británicos y alemanes se les había enseñado que Cristo, el Príncipe de Paz, había nacido un 25 de diciembre. Además, ¿no habían cantado los ángeles al tiempo de su nacimiento: “Sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad”? (Lucas 2:14.) ¡Ciertamente, entonces, carecía de sentido el que personas que afirmaran ser cristianas se mataran entre sí en una época como esta!
Sin embargo, la tregua de paz navideña no gozaba de las simpatías de todos. “Cuando al año siguiente se celebró la Navidad en el frente occidental —explica Lloyd—, el espíritu de fraternización en la tierra de nadie afloró una vez más, pese a las órdenes que se habían dado en contra de tal comportamiento. Por lo menos, a dos oficiales que tomaron parte se les tuvo que hacer consejo de guerra.”
La actitud de las iglesias
¿Qué opinaban las iglesias respecto a que sus miembros lucharan contra compañeros de creencia de otros países? Pues bien, durante la Navidad, el clero repitió hasta la saciedad el mensaje de paz que los ángeles anunciaron al tiempo del nacimiento de Cristo, y aclamaron a Jesús como el Príncipe de Paz. (Isaías 9:6.) No obstante, no se opusieron a que miembros de una misma religión, de bandos contrarios, se mataran entre sí en las trincheras, ¡sin importar que fuese en Navidad o en cualquier otra época del año!
El historiador eclesiástico, Roland H. Bainton, explica lo que ocurrió cuando los Estados Unidos entraron en la I Guerra Mundial, él dijo: “El clero norteamericano de todas las iglesias nunca estuvo tan unido entre sí y con la voluntad de la nación. Esta era una guerra santa. Se representó a Jesús vestido de caqui y apuntando con un fusil. A los alemanes se les comparó con hordas bárbaras. El matarlos equivalía a exterminar monstruos de la Tierra” (Christian Attitudes Toward War and Peace, páginas 209, 210).
En efecto, las iglesias apoyaron la paz solo de boca. Al mismo tiempo, el púlpito se convirtió en una oficina de reclutamiento en apoyo del esfuerzo bélico de la nación. El brigadier general británico, Frank P. Crozier, dijo lo siguiente sobre esta colaboración durante la I Guerra Mundial: “Las iglesias cristianas son las que mejor incitan en la gente la sed de sangre, y nosotros nos hemos aprovechado libremente de ellas”.
Harry Emerson Fosdick, pastor protestante ya fallecido, admitió que la actitud de las iglesias fue, sin lugar a dudas, hipócrita. Él reconoció que: “La historia del mundo occidental ha estado jalonada por la guerra. Hemos engendrado hombres para la guerra y les hemos enseñado a guerrear; hemos glorificado la guerra, y el guerrero se ha convertido en nuestro héroe; hasta en nuestras iglesias hemos puesto el estandarte de la guerra [...] Con la misma boca que hemos aclamado al Príncipe de Paz, hemos glorificado la guerra”.
Esta situación no cambió durante la II Guerra Mundial. Sírvase leer lo que el periódico New York Times publicó en un artículo durante el primer mes de la guerra, cuya página reproducimos aquí. Viene a reforzar lo que más tarde admitió el católico romano Friedrich Heer, profesor de historia en la Universidad de Viena, en su libro God’s First Love (El primer amor de Dios):
“En la cruda realidad de la historia alemana, hallamos que los símbolos de la cruz y la esvástica fueron aproximándose a tal grado que fue la esvástica el símbolo con el que se proclamó el mensaje de la victoria desde las torres de las catedrales alemanas, banderas con este símbolo adornaron los altares, y teólogos católicos y protestantes, pastores, clérigos y políticos aclamaron la alianza con Hitler” (Página 247).
Las consecuencias
Una consecuencia del apoyo incondicional que las iglesias le han dado a la guerra en sus respectivos países es el que hoy día millones de personas de países no cristianos consideran que el cristianismo es una religión belicista y no quieren tener nada que ver con él. Es evidente que su punto de vista no carece de fundamento, no solo porque en el pasado la iglesia apoyó las guerras, sino por su postura actual ante la guerra. La revista The Christian Century, dice:
“Una encuesta realizada en los últimos 20 años en relación con la actitud ante la guerra revela que los cristianos en los Estados Unidos, Canadá y Alemania Federal, tienen un punto de vista más favorable respecto a la guerra que los no cristianos. [...] A la luz de este estudio, en las comunidades cristianas de dichos países, los que se consideran a sí mismos seguidores escrupulosos de la fe cristiana están más predispuestos a favorecer la guerra que los que manifiestan una actitud más liberal” (31 de diciembre de 1980, página 1289).
En su opinión, ¿cómo se han visto afectadas también muchas personas de países llamados cristianos por la actitud belicista de las iglesias? El profesor de ciencias políticas, Reo M. Christenson, comentó sobre esta cuestión en la revista The Christian Century: “El que los cristianos se adhieran, por una parte, a la fe del apacible Salvador y, por otra, apoyen con vehemencia guerras religiosas o nacionalistas ha perjudicado la fe y ha promovido el tipo de escepticismo religioso que, por siglos, ha sido característico entre la gente pensadora” (25 de mayo de 1983).
A veces, ese escepticismo religioso se ha expresado en términos penetrantes e ingeniosos. Por ejemplo, el año pasado un soldado de la infantería de marina se negó a ser trasladado al Líbano, aduciendo que él era musulmán y que, por lo tanto, no mataría a otro musulmán. A este respecto, el columnista Mike Royko hizo unas observaciones contundentes. Él dijo que el soldado “pretendía incumplir las antiguas reglas y tradiciones de la guerra”, ya que los cristianos nunca “habían sido muy escrupulosos a la hora de enfrentarse a otros cristianos”. Luego añadió: “De haber sido escrupulosos, muchas de las guerras más intensas que ha habido en Europa nunca hubieran ocurrido”.
Royko señaló algunos ejemplos históricos: “Alemania está repleta de cristianos de todas las confesiones. Pero de vez en cuando siente la necesidad de abrirse paso a tiros en Francia, Polonia y otras naciones cristianas. Así mismo, Francia, en su apogeo napoleónico, no vaciló en pisotear toda la Europa cristiana.
”La fe si de algo ha servido ha sido para aumentar la presión sanguínea del cuerpo, aunque no parece que fuese la intención de Cristo el que su mensaje sirviera para este propósito. [...] Si todos pensáramos como este soldado, nunca se hubiesen producido la I y la II Guerra Mundial, guerras que han establecido la marca de todos los tiempos en la cantidad de cristianos muertos a manos de cristianos. [...]
”Desde luego —añadió Royko en son de burla— hay ciertos beneficios de hacer la guerra contra personas de su propia fe. En primer lugar, si cae prisionero y muere, la oportunidad de recibir cristiana sepultura es mayor, lo cual siempre es más agradable que el que le arrojen con los desechos. Por otra parte, en días de festividades religiosas, pudiera ser que el ambiente de recogimiento espiritual del día inspire al carcelero a darle una patada menos”.
No cabe duda de que este es un comentario sarcástico. Pero ¿podría usted negar su veracidad? Y, ¿no está de acuerdo usted en que las iglesias merecen este tratamiento ridiculizante por su pretensión hipócrita de representar al Príncipe de Paz, Jesucristo?
El clero tal vez proteste, diciendo: ‘Pero en este mundo moderno no se puede vivir según las enseñanzas de Cristo’. No obstante, en respuesta a esta objeción, el profesor Christenson escribió lo siguiente en el artículo citado anteriormente: “Creo que no nos vendría mal el aplicar cuanto sabemos acerca de las enseñanzas de Jesús y de su ejemplo a nuestro concepto de la guerra... especialmente de la guerra moderna.
”¿Puede alguien imaginarse a Jesús lanzando granadas de mano contra sus enemigos, disparando una ametralladora o un lanzallamas, arrojando bombas nucleares o disparando un ICBM [mísil balístico intercontinental] que matarían o dejarían lisiados a millares de madres y niños? La pregunta es tan absurda que ni siquiera merece una respuesta. Si Jesús no hubiera podido hacerlo sin traicionarse a sí mismo, ¿cómo podría uno hacerlo sin traicionarle a él?”.
Cuando usted honradamente se encara a estas preguntas, puede entender por qué el editor eclesiástico del periódico The Toronto Star escribió en una nochebuena reciente: “Es una burla contra la Navidad el no entender que la totalmente insensata escalada nuclear de los Estados Unidos y la Unión Soviética es una blasfemia abominable contra Cristo y la humanidad”.
También es cierto que los problemas a los que se enfrenta este mundo son complejos. ¿Significa esto que nunca se alcanzará verdadera paz sobre la Tierra? ¿Es que el cumplimiento del anuncio angélico acerca de ‘paz en la tierra’ ha de ser solo una ilusión? O, ¿hay una base segura para creer que gente de todas las razas y nacionalidades pueden vivir juntas en paz, sin jamás experimentar de nuevo los horrores de la guerra?
[Recuadro en la página 5]
THE NEW YORK TIMES
Lunes 25 de septiembre de 1939.
LAS IGLESIAS ANIMAN A LOS SOLDADOS ALEMANES
La iglesia protestante y la católica instan a una victoria por el Reich y por una justa paz
Por radio a THE NEW YORK TIMES
FRANKFURT EN MAIN, Alemania, 24 de septiembre. Las iglesias alemanas protestante y católica publican ahora en sus revistas extensas exhortaciones en las que explican los deberes del soldado que lucha en defensa de su país y amonestan al soldado alemán a luchar con la misma resolución de San Miguel por una victoria alemana y una justa paz.
En los periódicos católicos aparece en primera plana la figura del arcángel blandiendo una espada de guerra y traspasando un dragón con una lanza sagrada.
En las diócesis católicas al oeste y al sur de Alemania, el clero, encabezado por obispos y arzobispos, está activamente ocupado trabajando en pro de los refugiados que han sido evacuados de los distritos que quedan en la frontera occidental. Muchos conventos se han transformado en hospitales y tanto monjes como monjas trabajan bajo la dirección de la Cruz Roja.
Los obispos católicos de Alemania han emitido una carta pastoral que dice:
“En esta hora decisiva, exhortamos a nuestros soldados católicos a cumplir con su obligación en obediencia al Führer y a estar dispuestos a sacrificar todo interés personal.
“Hacemos un llamamiento a todos los fieles para que se unan en oración ardiente, a fin de que la divina providencia del Dios Todopoderoso conduzca esta guerra a un éxito bienaventurado y de paz para nuestra patria y nación.”
Además, todos los obispos han enviado un mensaje especial a sus respectivas diócesis, incluyendo el obispo de Rottenburg en Wurtemberg, quien había sido expulsado el año pasado de su diócesis por haberse negado a votar en una convocatoria electoral nacional socialista.
El cardenal arzobispo Bertram, cabeza de la congregación episcopal alemana, emitió un mensaje patriótico similar a sus fieles, instándolos a que “todo el que confía en el Dios Todopoderoso sea de corazón firme”.
[Fotografía en la página 4]
El clero aclama al Príncipe de Paz, mientras bendice la guerra
[Reconocimiento]
El Comercio, Quito, Ecuador
[Fotografía en la página 6]
“Si Jesús no hubiera podido hacerlo sin traicionarse a sí mismo, ¿cómo podría uno hacerlo sin traicionarle a él?”
[Reconocimiento]
Foto del ejército de E.U.A.
[Reconocimiento en la página 3]
De fotos del ejército de E.U.A.