“¡Hay que evacuar la isla ahora mismo!”
Un éxodo de diez mil personas en una sola noche
Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Japón
“¡HAY que evacuar la isla ahora mismo! ¡Inmediatamente!” A los hombres y mujeres de edad avanzada que estaban en el asilo de ancianos de la ciudad de Oshima se les dijo que, en vista de la erupción del monte Mihara el 21 de noviembre de 1986, tenían que refugiarse en una escuela primaria. Aunque el personal del asilo había estado preparado para la evacuación desde que el volcán había dado señales de erupción unos cuantos días antes, la violenta erupción de aquella tarde fue tan repentina que no les resultó fácil huir.
“Ni siquiera pudimos pensar en las camillas que habíamos preparado”, explica Kazuko, un miembro del personal de dicha institución. “Llevamos a los ancianos en brazos o sobre las espaldas hasta los dos autobuses que el ayuntamiento nos había enviado. Se llenaron enseguida, y algunas personas tuvieron que ser transportadas en camión a un lugar de refugio.”
Poco después, los ancianos llegaron al puerto y se les subió a bordo de un barco de la Maritime Safety Agency a fin de evacuar la isla. Ellos fueron de los primeros en partir. A continuación, tuvo lugar la evacuación de más de diez mil isleños y turistas.
Movimientos sísmicos y erupciones
El monte Mihara, en la isla de Izu Oshima —generalmente llamada Oshima—, es uno de los cuatro volcanes activos de Japón que están bajo estricta vigilancia. La actividad de este volcán solía ser benigna. Sin embargo, el 15 de noviembre de 1986, solo dos semanas después de que la Conferencia Coordinadora para la Predicción de Erupciones Volcánicas declarase que no representaba peligro alguno, el Mihara hizo erupción. Las erupciones producidas en el cráter número 1 se hicieron cada vez más violentas. (Véase el mapa de la página 6.) La lava empezó a desbordarse por encima del labio interior de este cráter y a derramarse en la caldera del volcán. Entonces, el día 21, una erupción inesperada sobresaltó a los isleños. Se formó un nuevo cráter. Luego, se abrieron fisuras en el suelo que también hicieron erupción, produciendo fuentes de fuego que alcanzaron más de cien metros (trescientos treinta pies) de altura. Empezaron a salir más fuentes de fuego a medida que se abrían nuevas fisuras en el flanco de la montaña.
Las personas, que ya estaban aterrorizadas por las erupciones, también se sobresaltaron ante los terremotos. En el plazo de una hora, la isla se vio sacudida por 80 movimientos sísmicos. La lava empezó a desbordarse por encima del labio exterior del cráter y bajó serpenteando en dirección a Motomachi, la zona más poblada de Oshima. Al ver descender la corriente de lava hacia Motomachi, el alcalde, Hidemasa Uemura, se vio obligado a ordenar la evacuación de la zona de Motomachi. En esos momentos se consideraba que la parte sur de la isla, la zona de Habu, ofrecía seguridad.
‘Una nube en forma de hongo como la de una bomba atómica’
“Estábamos tomando té —recuerda Jiro Nishimura, el único anciano de la congregación de los testigos de Jehová de Izu-Oshima—, cuando una gran explosión sacudió el aire. Cuando salí, vi sobre el monte Mihara una nube en forma de hongo como la de una bomba atómica. Me di cuenta de que no se trataba de una erupción de poca importancia. Pude oír que algo se decía por los altavoces del ayuntamiento, pero como no me fue posible oír el anuncio con claridad, llamé al ayuntamiento. Me dijeron que todavía no se había dado la orden de evacuación a los habitantes de la zona de Motomachi. Sabía que necesitaríamos comer algo, de modo que le pedí a mi esposa que hirviera un poco de arroz y preparase albóndigas de arroz. Pero ni siquiera había terminado de comer la primera albóndiga, cuando se dio la orden de evacuación.
”Cinco de nosotros, incluyendo la madre de mi esposa, que cuenta noventa años de edad, huimos al aparcamiento del Puerto de Motomachi. Había una cola de personas esperando embarcar y evacuar la isla. La cola era larga, pero puesto que la madre de mi esposa era muy mayor y no podía caminar sola, se nos permitió embarcar en uno de los primeros barcos con destino a Atami.”
Para algunos no fue fácil dejar aquella isla a la que se sentían tan apegados. Por ejemplo, Kichijiro Okamura, que a sus ochenta y cuatro años practicaba la acupuntura en el asilo de ancianos de la ciudad de Oshima, llevaba viviendo cuarenta años en la isla. ¿Cuál fue su reacción? Él mismo la explica: “Los temblores de tierra eran muy fuertes, pero pensaba que no pasaría nada, y quería esperar unos cuantos días para ver lo que iba a suceder. Estoy acostumbrado a las erupciones volcánicas y a los movimientos sísmicos. No me preocupé demasiado porque estaba seguro de que con el tiempo toda aquella actividad volcánica disminuiría. Pero los bomberos me asieron contra mi voluntad y me hicieron partir. Tuve que darme por vencido”. Okamura partió con su esposa, Yoshie, sus dos hijas y cuatro nietos.
Se da la orden de evacuar toda la isla
Al principio, la corriente de lava solo amenazó la parte septentrional de la isla. Algunas de las personas que vivían en la zona de Motomachi fueron transportadas a la zona de Habu. A los habitantes de la parte meridional de la isla solo se les dijo que se reunieran en gimnasios o escuelas.
“Únicamente tenía dos mantas y esta bolsa”, dice Kaoko Hirakawa, quien se refugió en el gimnasio de Nomashi a las cinco de la tarde. “Creí que solo sería para esa noche.” Su marido, Rinzo, pensó en sus padres, que estaban enfermos y vivían cerca del nuevo cráter. Preocupados, fueron en automóvil a buscarlos. “Los temblores eran tan fuertes —relata Rinzo— que parecía que estábamos en un barco. En cuanto terminamos de meter a mis padres en el automóvil, el suelo hizo erupción a solo unos kilómetros de su casa.” Lograron llegar al gimnasio de Nomashi, pero después se les dijo que fueran a Habu.
A las 10.50 de la noche, el alcalde de la ciudad ordenó que se evacuara toda la isla. “Nos refugiamos en la Third Junior High School de Habu —explica la señora Tamaoki— y luego se nos dijo que fuésemos andando hasta el puerto. Sin embargo, el puerto de Habu no es lo suficientemente profundo como para que entren barcos grandes, de modo que, finalmente, tuvimos que ir en un autobús a Motomachi, donde embarcamos hacia Tokio.”
El éxodo de más de diez mil isleños y turistas quedó completo para las 5.55 de la mañana del día 22 de noviembre, cuando el alcalde y los funcionarios subieron a bordo del último barco para los evacuados. Cinco horas después de la erupción principal, ya se había completado la evacuación de la isla de Izu Oshima. En general, todo funcionó sin asperezas y ordenadamente, lo cual honra a los funcionarios municipales, a la compañía naviera que envió barcos a Oshima para efectuar la evacuación y a la buena cooperación de los isleños. Salvo raras excepciones, todos obedecieron con prontitud la orden de evacuación. Únicamente permanecieron en Izu Oshima unos cuantos centenares de policías, bomberos y demás personal, además de unas pocas personas que se negaron a evacuar la isla.
Pero ¿dónde se establecieron los evacuados? ¿Quién iba a cuidar de ellos? ¿Cómo les fue a los testigos de Jehová de la isla?
[Fotografía en la página 4]
“Los bomberos me asieron contra mi voluntad y me hicieron partir”
[Mapas en la página 6]
(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)
Oshima
Aeropuerto
Okata
Kitanoyama
Motomachi
Corriente de lava
Cráter 2
Erupciones
Cráter 1
Labio exterior del cráter
Nomashi
Monte Mihara
Sashikiji
Port Habu
[Mapa]
Ebina
Atami
Ito
Tokio
Oshima
Monte Mihara
Inatori
Shimoda
Sakurajima