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  • ¿Cómo puedo superar el divorcio de mis padres?

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  • ¿Cómo puedo superar el divorcio de mis padres?
  • ¡Despertad! 1988
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¡Despertad! 1988
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Los jóvenes preguntan...

¿Cómo puedo superar el divorcio de mis padres?

“Recuerdo cuando mi padre nos dejó. En realidad, no sabíamos lo que estaba sucediendo. Mamá tenía que ir a trabajar y nos dejaba solos todo el tiempo. A veces simplemente nos sentábamos junto a la ventana preocupados por si ella también nos había dejado [...].”—Una hija de padres divorciados.

EL DIVORCIO es como si se acabase el mundo, una catástrofe que puede generar suficiente sufrimiento para toda la vida. No obstante, si tu familia está pasando por las angustias del divorcio, cobra ánimo. Puedes recuperarte.

Esto no significa que algún día las cosas volverán a ser igual que antes. Lamentablemente, el divorcio suele ser definitivo. Sin embargo, la vergüenza, la furia, el sentir que te han traicionado, el temor de que tus padres ya no te amen... todas estas emociones destructivas pueden apaciguarse para que la vida vuelva a la normalidad. Como dice la Biblia, hay un “tiempo de sanar”. (Eclesiastés 3:3.)

El efecto curativo del tiempo

No obstante, para que esa herida emocional se cure, se requiere tiempo. Al fin y al cabo, en el caso de una herida literal, como pudiera ser un hueso roto, se necesitan semanas o hasta meses para que se cure totalmente. ¿No deberías esperar lo mismo cuando se trata de heridas emocionales? Pero, ¿cuánto tiempo ha de transcurrir antes de que empieces a sentirte de nuevo medianamente normal?

Las investigadoras Wallerstein y Kelly, que estudiaron los casos de niños de padres divorciados, han descubierto que tan solo un par de años después del divorcio, “los muchos temores, el pesar, la turbación [...] se disiparon o hasta desaparecieron por completo”. Algunos entendidos creen que lo peor de un divorcio se supera en tan solo tres años. Esto puede parecer una eternidad, pero son muchas las cosas que tienen que suceder para que tu vida pueda estabilizarse.

Por un lado, tiene que reorganizarse la rutina de tu familia, rutina que ha sido interrumpida por el divorcio. Por ejemplo: quizás pasen meses antes de que las comidas y la colada vuelvan a la normalidad, en especial si tu madre ha emprendido un trabajo seglar a fin de poder mantener a la familia. También pasará tiempo antes de que tus padres se hayan recuperado emocionalmente. Solo entonces podrán darte por fin el apoyo que necesitas.

A medida que tu vida vaya recuperando un poco la normalidad, empezarás a sentirte bien otra vez. El paso del tiempo es una de las mejores medicinas para curar las heridas de un divorcio. Sin embargo, hay mucho más que puedes hacer aparte de dejar pasar el tiempo.

Evita vivir de recuerdos

Un jovencito de doce años de edad llamado Joseph dice: “Antes del divorcio, esta era una casa bulliciosa. Íbamos a ver partidos, construíamos maquetas juntos, mirábamos la televisión. Ahora es una casa silenciosa, aburrida, no hay nada que hacer, no hay partidos a los que ir”. Una manera segura de prolongar la agonía del divorcio es vivir de recuerdos. Salomón advirtió: “No digas: ‘¿Por qué ha sucedido que los días anteriores resultaron ser mejores que estos?’, porque no se debe a sabiduría el que hayas preguntado acerca de esto”. (Eclesiastés 7:10.) Si vives de recuerdos sobre cómo era todo antes, lo único que conseguirás será deprimirte más.

El que vivas de recuerdos también puede cegarte a la realidad del presente. Por ejemplo: ¿cuál era la situación de tu familia antes del divorcio? “Siempre había muchas peleas, gritos e insultos”, admite Annette. ¿Pudiera ser, entonces, que ahora tengas algo que antes faltaba en tu familia: paz y tranquilidad?

‘Yo puedo hacer que se reconcilien’

El libro Stress, Coping, and Development in Children (Los niños: su desarrollo, el estrés y cómo se enfrentan a los problemas) dice: “Sorprendentemente una gran cantidad de niños que ya no son pequeños también tuvieron problemas en reconocer la realidad del divorcio, y su comportamiento reflejaba dicha dificultad”. Hay quienes alimentan sueños de conseguir que sus padres se reconcilien de nuevo, quizás aferrándose a tales fantasías hasta después que sus padres han contraído segundas nupcias.

Sin embargo, el negar la realidad del divorcio no cambia nada. Y todas las lágrimas, súplicas y tretas del mundo probablemente no lograrán que tus padres se reconcilien de nuevo. Por lo tanto, ¿por qué atormentarte viviendo de sueños imposibles? “La expectación pospuesta enferma el corazón”, dice la Biblia. (Proverbios 13:12.) Y no solo eso, sino que puede impedir que hagas con tu vida cosas que merezcan la pena. Salomón dijo que hay un “tiempo de dar por perdido”. (Eclesiastés 3:6.) De modo que acepta que el divorcio es una realidad y algo permanente: será un gran paso para que consigas superarlo.

Trata de comprender a tus padres

Es posible que esta sea una de las tareas más difíciles de tu vida. Quizás estés enfadado con ellos, y con razón, por haber trastornado tu vida. Un joven lo expresó amargamente así: “Mis padres fueron egoístas. En realidad no pensaron en nosotros ni en cómo nos afectaría lo que ellos hicieron. Simplemente siguieron adelante y llevaron a cabo sus planes”. Otro joven dijo: “Mi padre trajo dos vidas al mundo y se preocupa más de su nuevo automóvil que de nosotros”. Quizás todo eso sea cierto. Pero, ¿puedes ir por la vida lleno de ira y amargura sin perjudicarte a ti mismo? La investigadora sobre cuestiones de divorcio Judith Wallerstein dice: “Esa ira no solo aleja al niño de los padres, sino que a menudo le lleva [...] a comportamientos malos [...] con el propósito de hostigar y castigar al progenitor que, según él, ha provocado el divorcio”.

La Biblia aconseja: “Que se quiten toda amargura maliciosa y cólera e ira [...]. Más bien háganse bondadosos unos con otros, tiernamente compasivos, y perdónense liberalmente unos a otros”. (Efesios 4:31, 32.) ¿Cómo puedes perdonar a alguien que te ha herido tanto? Trata de ver a tus padres de manera objetiva: como personas que pueden equivocarse, que son imperfectas, capaces de cometer todo tipo de faltas. Sí, hasta tus padres ‘pecan y no alcanzan a la gloria de Dios’. (Romanos 3:23.) El que te des cuenta de esto te ayudará a aceptarles como son. Aunque todavía se siente herido por el divorcio de sus padres, un joven dice de ellos: “A pesar de todo, siempre he pensado que eran buenas personas. Solo creo que no supieron escoger a su cónyuge”.

El mirar fría y objetivamente a tus padres también te ayudará a ver su fracaso matrimonial, no como una afrenta personal o como un indicio de que te rechazan, sino como un problema entre ellos.

Expresa tus sentimientos

“En realidad, nunca había hablado de cómo me sentía por el divorcio de mis padres”, dijo un joven cuando fue entrevistado por ¡Despertad! Aunque al principio parecía impasible, el joven fue exteriorizando cada vez más sus emociones —incluso con lágrimas— a medida que hablaba del divorcio de sus padres. Sentimientos que habían estado escondidos por mucho tiempo salieron a la luz. Sorprendido por su reacción, confesó: “Verdaderamente me ha ayudado hablar de ello”.

Es probable que a ti también te sea de ayuda confiarte a alguien, en lugar de aislarte. Deja que tus padres sepan cómo te sientes, cuáles son tus temores y tus ansiedades. (Compárese con Proverbios 23:26.) La investigación muestra que los hijos que tienen éxito en recuperarse del divorcio de sus padres pueden “comunicarse con el mundo que los rodea, con padrastros, maestros, amigos, padres de amigos y abuelos”. Los cristianos maduros también pueden ser de ayuda. Por ejemplo: Keith obtuvo muy poco apoyo, si acaso alguno, de su familia, que se encontraba desgarrada por el divorcio. Sin embargo, comenta: “La congregación cristiana llegó a ser mi familia”.

Sobre todo, alguien que te prestará oído será tu Padre celestial, el “Oidor de la oración”. (Salmo 65:2.) “Delante de él derramen ustedes su corazón.” (Salmo 62:8.) Un joven llamado Paul recuerda qué fue lo que le ayudó a superar el divorcio de sus padres: “Oraba constantemente, y siempre sentí que Jehová era una persona real”.

La vida sigue adelante

Hay que admitir que después de un divorcio posiblemente las cosas nunca vuelvan a ser igual. Pero esto no significa que tu vida no puede ser productiva y feliz. La Biblia aconseja: “No sean holgazanes en sus quehaceres”. (Romanos 12:11.) Efectivamente: en lugar de permitir que el pesar, el dolor o la ira te dejen estancado, ¡deja que la vida siga adelante! Concéntrate en tus trabajos escolares, busca una afición. Ten siempre “mucho que hacer en la obra del Señor”. (1 Corintios 15:58.)

El superar un divorcio no es cosa fácil. Requiere trabajo, determinación y el transcurso del tiempo. Pero, finalmente, la ruptura del matrimonio de tus padres ya no será el factor dominante de tu vida.

[Fotografía en la página 23]

El vivir de recuerdos solo conseguirá deprimirte

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