Los jóvenes preguntan...
¿Qué tiene de malo mi música?
“Papá me dice: ‘Quita ese ruido ensordecedor, que me van a estallar los tímpanos’.”—Un adolescente.
“Hay música rap que es verdaderamente repulsiva.”—Una adolescente.
“NO ES para tanto —protestó Jodie—. ¿Por qué convierten mis padres la música en un caso federal?” Lisette, de trece años, piensa igual e insiste en que “solo se trata de una canción”.
¿Te hallas tú también en guerra con tus padres por causa de la música? Entonces, puede que cada vez que pongas tu cinta o disco preferido, tengas que oír quejas, amenazas y órdenes. (“Papá me dice: ‘Quita ese ruido ensordecedor, que me van a estallar los tímpanos’”, dice un adolescente.) Cansado de que te riñan, tal vez pienses que tus padres están convirtiendo un asunto sin importancia en una gran cuestión. “¿Y cuando ellos eran jóvenes? ¿No pensarían sus padres que escuchaban música mala?”, preguntó una adolescente.
Ese es un argumento respetable, pues a través de la historia la generación adulta y la más joven han discrepado en cuestiones de gusto personal. Entonces, ¿por qué debes dejar de escuchar la música que te agrada solo porque a tus padres no les guste? A fin de cuentas, ¿qué tiene de malo tu música?
El lugar de la música en la vida
Hay que empezar por decir que nadie afirma que sea malo escuchar música. De hecho, parte de la Biblia —particularmente los salmos— fue escrita en un principio para ser cantada. La música desempeñó en tiempos bíblicos un papel clave en la adoración a Dios. (Salmo 149:3; 150:4.) También fue un medio de expresar gozo, entusiasmo y tristeza. (Génesis 31:27; Jueces 11:34; 1 Samuel 18:6, 7; Mateo 9:23, 24.) En los días de Jesucristo era común que se tocara música en los acontecimientos sociales, pues le daba un aire alegre a la ocasión. (Lucas 15:25.)
En la actualidad, la música sigue desempeñando un papel importante, sobre todo para los jóvenes. La revista médica The Journal of the American Medical Association dice a este respecto: “Entre el séptimo y el duodécimo año escolar [entre doce y dieciocho años de edad], el adolescente de término medio escucha unas 10.500 horas de música rock, muy pocas horas menos que el total que dedica a asistir a clases desde párvulos hasta el duodécimo año escolar”.
Según las encuestas, la mayoría de los jóvenes estadounidenses escuchan casi exclusivamente música rock o pop. (Con el fin de simplificar la redacción, emplearemos los términos “rock” y “pop” para referirnos a casi todos los estilos populares hoy entre los jóvenes: desde la música soul y new wave, hasta rap y heavy metal.) Según la enciclopedia Gran Larousse Universal, “la música rock [conquistó] [...] a la juventud norteamericana y muy rápidamente a la de todos los países industrializados”.
El atractivo de la música rock
¿Por qué es tan popular la música rock? El libro Youth Trends (Tendencias juveniles) dice a este respecto que el rock sirve de “medio de comunicación entre los jóvenes”. En consecuencia, algunos jóvenes piensan que estar al día con los movimientos musicales —los últimos grupos y canciones— hace que otros jóvenes de su edad los acepten mejor. La música se convierte en vínculo común y en tema inagotable de conversación.
Sin embargo, también hay muchos jóvenes que opinan que la música se disfruta mejor a solas. ¿Has tenido un mal día en la escuela? Tal vez tú también hagas lo que una adolescente llamada Bree, que dice: “Entro en mi habitación, pongo música a todo volumen y me quedo allí sentada. De algún modo me descarga de tensiones y presiones”. Si bien se suele criticar la música rock por ser ruidosa y estridente, hay que admitir que algunas canciones populares son melódicas y de agradable orquestación.
No obstante, lo atractivo para otros es el ritmo. “Es la música más fácil de bailar”, respondió una joven cuando se le preguntó por qué le gustaba tanto el rap. Pero a muchos lo que les atrae es la letra. La lírica pop está escrita a la medida de los jóvenes, recorre toda la gama de sentimientos y ansiedades del adolescente. El rap se destaca porque trata sobre temas vivos, como el racismo y la injusticia social. “La música que escucho por la radio no me dice nada, no la soporto —se quejó un adolescente llamado Dan, citado en la revista Newsweek—, pero el rap me llega porque habla de historias y cosas reales. Es interesante escucharlo.”
No obstante, la mayor preocupación de los padres debe ser el mensaje que la música transmite.
El mensaje del rap
Piensa, por ejemplo, en la música rap, cuya letra —jerga callejera con ritmo— no se canta, sino que se recita al son de un compás muy marcado. Claro, no hay nada inherentemente malo en este concepto musical, pues desde hace décadas se ha empleado este mismo recurso en muchas canciones populares, pero la música rap lo lleva a menudo a extremos frenéticos.
El rap se hizo popular en pequeños clubes de baile de la ciudad de Nueva York frecuentados por jóvenes de los barrios pobres. Cuando los pinchadiscos empezaron a animar el baile entonando rimas por el micrófono o charlando en voz alta con música de percusión de fondo, la reacción de la gente rayó en la histeria. El rap pasó en poco tiempo de las calles y sótanos de los barrios pobres a la corriente musical más actual. Los raperos, con nombres tan burdos como su propia música —Public Enemy, M. C. Hammer y Vanilla Ice—, pronto comenzaron a inundar las ondas radiofónicas con su estilo musical estridente.
Llama la atención que cuando un redactor de ¡Despertad! preguntó a un grupo de jóvenes cristianos de diferentes razas de un barrio periférico si ‘escuchaban muchos de ellos música rap’, una sorprendente mayoría contestó que sí. Cuando les preguntó ‘qué era lo que más les gustaba del rap’, una adolescente respondió que le gustaba “su ritmo”. “Sencillamente fluye y se escucha con facilidad”, añadió. Otra dijo: “Es bailable”. Sin embargo, la siguiente pregunta no tuvo una respuesta tan positiva: “¿Es impropia para el cristiano alguna de la música rap?”.
Después de una pausa embarazosa, una joven reconoció: “Hay música rap que es verdaderamente repulsiva”. Hubo otros jóvenes que, un poco renuentes, le dieron la razón. De hecho, la entrevista puso al descubierto que muchos jóvenes están familiarizados peligrosamente con una extensa lista de canciones de contenido objetable —incitan a la promiscuidad sexual y a la perversión en términos escandalosamente explícitos—. Algunos confesaron que muchas de esas canciones emplean sin reparos lenguaje soez.
Sí, el mensaje de una buena parte de la música rap incita a rebelión, violencia, ira, racismo y promiscuidad sexual. Daniel Caudeiron, promotor del rap y presidente de la Black Music Association de Canadá, quien ha alabado el rap por ser “tremendamente positivo”, reconoce que hay mucho rap “misógino [que expresa antipatía hacia la mujer], erótico y, ocasionalmente, malhablado”. (Revista Maclean’s, del 12 de noviembre de 1990.)
El estilo de vida rap
Es cierto que no toda la música rap es inmoral o violenta. Según un artículo que publicó The New York Times, hay rap que promueve metas positivas, como la educación, el rechazo de la drogadicción y la solución de problemas sociales. Pero bien puede decirse que se trata de la excepción, no la regla. Cuando la revista Newsweek calificó los 10 álbumes de música rap más importantes empleando un criterio similar al que se emplea en Estados Unidos para la clasificación moral de las películas, solo dos fueron clasificados G, es decir, recomendables para todo el público; otros cuatro, R, o solo para adultos, y dos fueron clasificados X por su lenguaje soez y referencias sexuales explícitas.
Además, el mensaje del rap va más allá de la letra, y ha impulsado toda una revolución cultural. Millones de adolescentes van vestidos al estilo rap estándar: ropa muy holgada, calzado deportivo de caña alta y cordones sueltos, pantalones vaqueros holgados, cadenas de oro, gorras de béisbol y lentes oscuros. Muchos también imitan los ademanes extravagantes de los raperos. Y, para mayor consternación de padres y maestros, la cruda jerga callejera que el rap idealiza ha penetrado en el lenguaje cotidiano con expresiones como “yo” (‘qué pasa, colega’) y “dis” (palabra corrompida para disrespect, falta de respeto).
Puede que el rap sea exponente de una rebelión contra las injusticias, pero en conjunto también es una rebelión cultural contra la conducta, el modo de vestir y el habla que Dios recomienda. ¿Se arriesgaría un cristiano, por el tipo de música que escoge, a dejarse cautivar por un estilo de vida tan cuestionable como este?
Es cierto que la música rap no es la única que incurre en extremos tan radicales. La revista Time comentó: “En casi toda parcela de la cultura pop estadounidense se detecta un sabor amargo. Estrellas del heavy metal, como el grupo Motley Crüe, invocan imágenes del satanismo, y los Beastie Boys imitan el acto de la masturbación en uno de sus espectáculos”. La Biblia predijo que “en los últimos días [...] los hombres inicuos e impostores avanzar[ían] de mal en peor, extraviando y siendo extraviados”. (2 Timoteo 3:1, 13.) Entonces, ¿te sorprende que gran parte de la música moderna transmita a los jóvenes cristianos un mensaje malo?
Por lo tanto, tus padres tienen toda la razón para estar muy preocupados si ven que empiezas a interesarte en el rap o en otros estilos extremados de música rock. Temen que el que te habitúes a esa música pueda hacerte daño. ¿Es una preocupación justificada? Nuestro próximo artículo abordará esta cuestión.
[Fotografía en la página 17]
Hoy hay muchos jóvenes que imitan el modo de vestir y la ética de los raperos