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  • ¡Despertad! 1995
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  • Se necesita un cambio de mentalidad
  • Se establecen los objetivos
  • Una tendencia problemática
  • ¿A qué se debe el incremento?
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¡Despertad! 1995
g95 22/7 págs. 4-8

La lucha del hombre contra los desastres

HABÍAN pasado tres años, y el secretario general de la ONU, Boutros Boutros-Ghali, no estaba satisfecho. “No hemos actuado lo bastante deprisa —dijo a un grupo de expertos a principios de 1993—. El propósito de haberlos convocado ahora en lugar de más adelante es para ver si podemos recuperar el tiempo perdido.” ¿Tiempo perdido? ¿Qué era lo que le preocupaba? El DIRDN. ¿Qué significan esas cinco letras? ¿Y por qué tanta prisa?

Entre los presentes en aquella reunión figuraba Frank Press, geofísico y “padre” del DIRDN, quien once años antes había empezado a animar a la comunidad científica mundial a que intensificara su lucha contra los desastres naturales. Cinco años más tarde, en diciembre de 1989, las Naciones Unidas respondieron a su llamamiento para acabar con la pasividad declarando los años 1990 a 2000 el Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales, o DIRDN. ¿Cuál es su objetivo?

Se necesita un cambio de mentalidad

Umberto G. Cordani, profesor brasileño de Geología y miembro del Comité Técnico y Científico del DIRDN, dijo a ¡Despertad! que el DIRDN es un llamado a la comunidad internacional para concertar sus conocimientos y recursos y cooperar en reducir el sufrimiento, la destrucción, los trastornos y la pérdida de vidas que ocasionan los desastres naturales. “Para alcanzar tal objetivo —recalcó el profesor Cordani—, en vez de concentrarse en la ayuda tras los desastres, debe darse más atención a las actividades de prevención.”

Sin embargo, cambiar la forma de pensar del mundo es mucho más difícil que proclamar un decenio, pues “los que toman las decisiones tienden a centrarse más en la ayuda posterior que en las medidas preventivas”, dice la revista UNESCO Environment and Development Briefs. Por ejemplo, de todo el dinero que se destina hoy en Latinoamérica para hacer frente a los peligros naturales, más del 90% se dedica a mitigar las consecuencias y menos del 10% a su prevención. Al fin y al cabo, según Stop Disasters, boletín del DIRDN, los políticos “obtienen mayor apoyo por consolar a las víctimas de un desastre que por pedir impuestos para tomar las medidas, menos llamativas, que lo hubieran evitado o que hubieran reducido sus efectos”.

Se establecen los objetivos

A fin de reorientar la inversión de dinero, las Naciones Unidas fijaron tres objetivos que alcanzar durante el decenio. Para el año 2000, todos los países deberán contar con 1) una evaluación de los riesgos planteados por los peligros naturales, 2) planes de preparación y prevención a largo plazo y 3) sistemas de alerta. Se formaron comités nacionales para traducir la filosofía y las buenas intenciones del DIRDN en planes concretos, y en mayo de 1994 se celebró en Japón una Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres Naturales convocada por las Naciones Unidas. Con todas estas actividades planeadas o ya en progreso, ¿por qué no estaba satisfecho Boutros-Ghali? Por causa de una tendencia preocupante.

Una tendencia problemática

Por un lado, las gestiones del DIRDN están dando resultados. Los científicos han adquirido más conciencia de reducir los desastres, y algunas medidas, como los sistemas de alerta mejorados, están salvando vidas y reduciendo pérdidas. Sin embargo, a pesar de estos logros, advierte el doctor Kaarle Olavi Elo, director de la secretaría del DIRDN, “la cantidad y la magnitud de los desastres siguen aumentando, y afectan cada vez a más personas”. Hemos visto “triplicarse el número entre los años sesenta y ochenta —confirma otro experto de la ONU—, y en los años noventa se ha registrado otro incremento notable”. Es cierto, en 1991, 434 desastres importantes mataron a 162.000 personas en todo el mundo, y en 1992, las pérdidas superaron los 62.000 millones de dólares (E.U.A.). James G. Speth, administrador del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), concluye que el mundo se ha convertido en “una máquina de desastres que genera crisis con una regularidad angustiante”. (UNDP Update, noviembre de 1993.) ¿Qué hay detrás de esta preocupante tendencia?

¿A qué se debe el incremento?

Para responder a esta pregunta, observe primero la diferencia entre un peligro natural y un desastre natural. El primero es un fenómeno natural —como una inundación o un terremoto— que tiene el potencial de convertirse en un desastre, pero que no siempre lo hace. Por ejemplo, las inundaciones en las regiones despobladas de la cuenca amazónica de Brasil son fenómenos naturales que causan poco daño. Por otro lado, las inundaciones que acaecen en Bangladesh, en la zona densamente poblada del delta del Ganges, ocasionan muchísimas pérdidas humanas, materiales y medioambientales. Con frecuencia, las pérdidas son de tal proporción, que las comunidades damnificadas no pueden salir adelante sin ayuda externa. En ese caso, el peligro natural se ha convertido en un desastre natural. Ahora bien, ¿por qué van en aumento las colisiones catastróficas entre el hombre y la naturaleza?

James P. Bruce, especialista en desastres, dice que “una tendencia a peligros más graves y frecuentes” podría ser “una de las causas”. No obstante, coincide con otros científicos en que la causa principal del incremento en el número de desastres no es que haya aumentado la cantidad de peligros naturales, sino que ha aumentado la exposición del hombre a tales peligros. Esta mayor exposición resulta, según la revista Salud Mundial, de un “entramado de circunstancias demográficas, ecológicas y tecnológicas”. ¿Cuáles son algunos de los componentes de este entramado que desencadena desastres?

Uno es la creciente población mundial. Conforme aumenta el tamaño de la familia humana, también aumentan las posibilidades de que un peligro natural alcance a algunos de los 5.600 millones de habitantes del planeta. Además, la congestión demográfica obliga a millones de personas pobres a instalarse en edificios inseguros ubicados en zonas notorias por recibir los embates regulares de las fuerzas de la naturaleza. Las consecuencias eran de esperar: desde 1960, la población mundial se ha duplicado, pero las pérdidas ocasionadas por los desastres casi se han multiplicado por diez.

Los cambios medioambientales contribuyen a los problemas. De Nepal a la Amazonia y de las llanuras norteamericanas a las islas del Pacífico, el hombre está talando los bosques, cultivando en exceso el suelo, destruyendo los arrecifes y dejando un rastro de otras huellas ecológicas, pero no sin pagar un precio. “Cuanta más presión ejercemos en la resistencia del medio ambiente y más modificamos su carácter —dice Robert Hamilton, un ex director del DIRDN—, mayores son las posibilidades de que un peligro natural se convierta en un desastre.”

Pero si las acciones del hombre contribuyen a que cada vez aparezcan más desastres en los titulares de hoy, lo contrario también debe ser cierto: si el hombre adopta medidas preventivas, puede cambiar los titulares de mañana. Es posible reducir las muertes y los destrozos. Por ejemplo, los expertos dicen que el 90% de las muertes por terremotos son evitables. No obstante, aunque los argumentos en pro de la prevención son convincentes, muchas personas siguen considerando que los desastres son inevitables. La revista UNESCO Environment and Development Briefs informa que este criterio fatalista es “la mayor barrera individual contra la reducción de los desastres”. ¿De qué lado de esa barrera está usted?

¿Inevitables, o reducibles?

Este sentimiento de indefensión está especialmente extendido en el mundo en desarrollo, y es lógico. De todas las personas que han perdido la vida durante los últimos cincuenta años a causa de los desastres naturales, el 97% vivía en el mundo en desarrollo. En algunos de estos países, indica Stop Disasters, “la frecuencia de los desastres es tan elevada que resulta difícil delimitar el fin de uno y el comienzo de otro”. De hecho, el 95% de todas las catástrofes se producen en el mundo en desarrollo. Si a eso se le añade el interminable ciclo de desastres personales —pobreza, desempleo y condiciones de vida inhumanas—, es comprensible que la actitud de los pobres sea cada vez más fatalista. Aceptan las pérdidas ocasionadas por los recurrentes desastres como un aspecto amargo, pero ineludible, de la vida. Ahora bien, ¿son inevitables tales pérdidas?

Lo que usted puede hacer y lo que no

Cierto, usted no puede controlar la frecuencia o la intensidad de los peligros naturales, pero eso no lo deja totalmente indefenso porque puede reducir su exposición a tales fenómenos. ¿Cómo? Piense en la siguiente comparación.

Digamos que una persona quiere limitar su exposición al sol (el fenómeno natural) para prevenir el cáncer de piel (el desastre). ¿Qué medidas puede adoptar? Es obvio que no puede controlar la salida y la puesta del Sol (la frecuencia del fenómeno). Tampoco puede disminuir la cantidad de radiación solar que llega a su entorno (la intensidad del fenómeno). Pero ¿está por ello indefensa? No, ya que puede reducir su exposición al sol. Por ejemplo, puede quedarse en casa durante las horas más calurosas del día, o, de no ser posible, puede llevar un sombrero y ropa adecuada para protegerse mientras está fuera. Esto incrementa su protección contra el sol (el fenómeno) y disminuye el riesgo de convertirse en víctima del cáncer de piel (el desastre). Sus acciones preventivas pueden influir mucho.

De igual modo, usted también puede adoptar medidas para incrementar su protección del impacto de algún peligro natural. De esa manera, reducirá su vulnerabilidad y sus pérdidas cuando sobrevenga un desastre. Las sugerencias que se dan en el recuadro “¿Está usted preparado?” pueden ser útiles para quienes viven en los países desarrollados. Y si usted vive en el mundo en desarrollo, los ejemplos que aparecen en el recuadro “Mejoras económicas y efectivas” pueden darle una idea del tipo de medidas sencillas que están a su alcance. Estas sugerencias pueden ser muy útiles para salvar vidas y reducir pérdidas. Con la tecnología de hoy, recuerda el geofísico Frank Press, “el fatalismo ya no es admisible”. No cabe duda de que, cuando se trata de desastres naturales, es definitivamente mejor prevenir que curar.

[Fotografías en la página 7]

En algunos lugares el hombre abre la puerta a más desastres naturales con sus talas indiscriminadas de bosques

[Recuadro en la página 6]

¿Está usted preparado?

LA AGENCIA Federal para el Manejo de Emergencias, de Estados Unidos, recomienda varios pasos para enfrentarse a los peligros. A continuación enunciamos algunos de los más importantes.

Infórmese. Póngase en contacto con la oficina de emergencias de su localidad y pregunte qué tipo de desastres podrían ocurrir en la zona. Puede que sepa de algunos, pero otros quizás le sorprendan. Si descubre que su casa está expuesta a algún peligro natural:

◻ Reúnase con su familia y conversen sobre los tipos de peligro que pueden sobrevenirles. Explique lo que se debe hacer en cada situación.

◻ Planee cómo se mantendría en contacto su familia si quedara separada por un desastre. Determine dos lugares de reunión: uno fuera del domicilio en caso de una emergencia súbita, como un incendio, y el otro fuera del vecindario, en caso de no poder regresar al hogar.

◻ Pídale a un amigo que sea su contacto familiar para que si no pudieran llegar a los lugares de reunión establecidos, todos los miembros de la familia puedan llamar a este contacto y decir dónde están. Escoja a un amigo que viva lejos, pues tras un desastre a menudo es más fácil realizar llamadas de larga distancia que telefonear a alguien dentro de la zona afectada. Enseñe a sus hijos a marcar el número telefónico de ese amigo. Repase lo que hay que hacer en caso de evacuación. Explique cómo ayudar a los vecinos que tengan necesidades especiales. Planee cómo cuidar a los animales de compañía.

◻ Tenga anotados junto a cada teléfono algunos números telefónicos de emergencia.

◻ Ubique la caja de fusibles y las llaves principales de paso del agua y del gas natural. Enseñe a todos los miembros responsables de la familia cómo y cuándo cortar estos servicios públicos. Guarde las herramientas necesarias cerca de los interruptores generales de electricidad y de las llaves de paso.

◻ Prepárese para un incendio. Instale detectores de humo, especialmente cerca de los dormitorios.

[Recuadro en la página 8]

Mejoras económicas y efectivas

EL BANCO Mundial informa que casi la mitad de la población del mundo subsiste con cinco dólares (E.U.A.) semanales o menos. Según los expertos, aun encontrándose en esa situación, hay una serie de medidas, probadas, que usted puede adoptar. Averígüelas, porque según recalca Alberto Giesecke, especialista peruano en desastres, estar informado “es una medida importante y económica para mitigar [los efectos de un desastre natural]”. A continuación se dan dos ejemplos de Sudamérica:

El manual de la ONU titulado Mitigating Natural Disasters explica lo que se puede hacer para construir mejores casas de adobe:

◻ En terreno montañoso, excave hasta formar una plataforma para la casa.

◻ Las casas cuadradas son más resistentes; si necesita una de forma rectangular, haga una pared dos veces y media más larga que la otra.

◻ Utilice cimientos de roca u hormigón para amortiguar los movimientos sísmicos.

◻ Construya paredes paralelas cuyo peso, resistencia y altura sean iguales. Manténgalas delgadas y bajas. Las casas construidas de esta manera sufrieron menos daños durante los terremotos que las casas de barro normales.

La construcción tradicional con quinchas es otra técnica probada. Según Stop Disasters, la estructura de las casas de quincha consiste en un entramado de cañas y ramitas reforzado por palos horizontales y verticales y recubierto con un poco de barro. Este tipo de estructura, con paredes de entre 10 y 15 centímetros de grosor, permite que la casa tiemble durante un terremoto y, una vez concluidas las vibraciones, vuelva a su posición original. Después de un terremoto que hubo en 1991, todas las casas de quincha quedaron en pie mientras que 10.000 viviendas construidas con paredes sólidas de un metro de espesor se derrumbaron y mataron a 35 personas. De acuerdo con John Beynon, arquitecto de la UNESCO, los terremotos no matan a las personas, lo que las mata son las construcciones que se derrumban.

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