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  • Cuando sobrevienen catástrofes naturales
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1996
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1996
w96 1/12 págs. 2-4

Cuando sobrevienen catástrofes naturales

Acra (Ghana), 4 de julio de 1995: Las lluvias más intensas en casi sesenta años provocaron graves inundaciones. Unas doscientas mil personas perdieron todos sus bienes, quinientas mil quedaron sin acceso a sus hogares y veintidós perdieron la vida.

San Angelo (Texas, E.U.A.), 28 de mayo de 1995: Los tornados y las granizadas asolaron esta ciudad de 90.000 habitantes y ocasionaron daños materiales calculados en 120 millones de dólares.

Kobe (Japón), 17 de enero de 1995: Un terremoto de tan solo veinte segundos de duración dejó millares de muertos, decenas de millares de heridos y centenares de millares de personas sin hogar.

VIVIMOS en lo que pudiera llamarse una era de catástrofes. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas revela que en la treintena de años comprendida entre 1963 y 1992, el número de personas muertas, heridas o desplazadas a causa de las catástrofes se elevó un 6% cada año como promedio. Esta deprimente situación llevó a que la ONU designara los años noventa como “el Decenio Internacional para la Reducción de las Catástrofes Naturales”.

Por supuesto, los fenómenos de la naturaleza, como tormentas, erupciones volcánicas o terremotos, no siempre originan una catástrofe. Centenares de ellos ocurren todos los años sin perjuicio para los seres humanos. Pero cuando la pérdida de vidas humanas y bienes es muy grande, reciben merecidamente el nombre de catástrofes.

El aumento de las catástrofes naturales parece ser inevitable. El libro Natural Disasters—Acts of God or Acts of Man? (Las catástrofes naturales: ¿obra de Dios u obra del hombre?) comenta: “Las personas modifican el entorno para hacerlo más propenso a ciertos desastres, y se comportan de tal manera que son más vulnerables a estos riesgos”. La obra ofrece el siguiente ejemplo hipotético: “Un terremoto de poca intensidad en una barriada de pesadas casas de adobe ubicada en un barranco empinado, muy bien puede constituir una catástrofe en términos de víctimas mortales y sufrimiento humano. Ahora bien, ¿obedece la catástrofe mayormente al movimiento telúrico, o al hecho de que la gente viva en casas tan peligrosas construidas en lugares tan peligrosos?”.

Los estudiantes de la Biblia tienen otro motivo más para no sorprenderse por el incremento de los desastres naturales. Hace casi dos milenios, Jesucristo predijo que “la conclusión del sistema de cosas” estaría señalada, entre otras cosas, por “escaseces de alimento y terremotos en un lugar tras otro”. (Mateo 24:3, 6-8.) La Biblia también vaticinó que durante “los últimos días” habría hombres amadores de sí mismos, amadores del dinero, sin cariño natural y faltos de amor al bien.a (2 Timoteo 3:1-5.) Estas características suelen llevar al hombre a atentar contra el medio ambiente, lo que aumenta la vulnerabilidad de los seres humanos a la acción de las fuerzas de la naturaleza. Los desastres inducidos por el hombre son también una consecuencia de la sociedad sin amor en la que la mayoría tiene que vivir.

Mientras continúe aumentando la densidad de población de nuestro planeta, la conducta humana exponga a la gente a mayor riesgo y la explotación de los recursos naturales sea cada vez más inadecuada, las catástrofes continuarán atormentando al hombre. Socorrer a las víctimas de un desastre entraña dificultades, como veremos en el siguiente artículo.

[Nota]

a Si se desean más detalles sobre la señal de los últimos días, véase el libro El conocimiento que lleva a vida eterna, páginas 98-107, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

[Reconocimiento de la página 3]

Arriba: Information Services Department, Ghana; derecha: San Angelo Standard-Times

[Reconocimiento de la página 2]

PORTADA: Maxie Roberts/Cortesía de THE STATE

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