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  • Denuncian la perversidad del nazismo
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¡Despertad! 1995
g95 22/8 págs. 6-12

Denuncian la perversidad del nazismo

EN LOS años veinte, mientras Alemania luchaba por recuperarse de la derrota sufrida durante la I Guerra Mundial, los testigos de Jehová se dedicaban a distribuir enormes cantidades de publicaciones bíblicas. Con ellas, no solo brindaban consuelo y esperanza al pueblo alemán, sino que alertaban sobre la escalada del poder militarista. De 1919 a 1933, los Testigos repartieron un promedio de ocho ejemplares de libros, folletos o revistas a cada una de los aproximadamente quince millones de familias del país.

Las revistas The Golden Age (La edad de oro) y Consolation (Consolación) dirigieron frecuentemente la atención a las acciones militaristas en Alemania. En 1929, más de tres años antes de que Hitler subiera al poder, la edición alemana de The Golden Age declaró con denuedo: “El nacionalsocialismo es [...] un movimiento que opera [...] directamente al servicio del enemigo del hombre: el Diablo”.

La víspera de la toma del poder por Hitler, The Golden Age del 4 de enero de 1933 dijo: “El promontorio del movimiento nacionalsocialista asoma amenazante. Parece increíble que un partido político de orígenes tan insignificantes, de políticas tan heterodoxas, consiga, en el término de unos cuantos años, alcanzar proporciones que eclipsen la estructura de un gobierno nacional. Sin embargo, Adolf Hitler y su partido nacionalsocialista (los nazis) han logrado esta rara hazaña”.

Llamamiento a la comprensión

Hitler fue designado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933, y un par de meses después, el 4 de abril, la sucursal de los testigos de Jehová de Magdeburgo era confiscada. No obstante, la orden fue revocada el día 28 del mismo mes y la propiedad devuelta. ¿Qué sucedería a continuación?

Pese a la evidente hostilidad del régimen hitleriano, los testigos de Jehová organizaron una asamblea en Berlín (Alemania) el 25 de junio de 1933, a la que acudieron cerca de siete mil personas. Allí expusieron públicamente y de forma clara sus intenciones: “Nuestra organización no es de ningún modo política. Solo insistimos en que se nos permita enseñar la Palabra de Jehová Dios a la gente sin traba alguna”.

De esta manera, los testigos de Jehová intentaron de buena fe exponer su caso. ¿Cuáles fueron las consecuencias?

Comienza el ataque

La inquebrantable neutralidad de los Testigos y su lealtad al Reino de Dios eran inaceptables para el régimen hitleriano. Los nazis no estaban dispuestos a tolerar ninguna negativa a apoyar su ideología.

En cuanto terminó la asamblea de Berlín, los nazis confiscaron de nuevo la sucursal de Magdeburgo el 28 de junio de 1933. Disolvieron las reuniones de los Testigos y realizaron varios arrestos. Pronto los Testigos comenzaron a ser despedidos de sus trabajos. Fueron víctimas de allanamientos, palizas y detenciones. A principios de 1934, los nazis se habían apropiado de 65 toneladas de publicaciones bíblicas y las habían quemado en las afueras de Magdeburgo.

Postura resuelta de los Testigos

Pese a estos ataques iniciales, los testigos de Jehová no cedieron terreno y denunciaron abiertamente la tiranía y las injusticias. The Watchtower del 1 de noviembre de 1933 publicó el artículo “No los temáis” (aparecido en español en febrero de 1934), preparado para los Testigos alemanes en especial, a fin de exhortarlos a cobrar valor ante la creciente presión.

El 9 de febrero de 1934, J. F. Rutherford, presidente de la Sociedad Watch Tower, envió una carta de protesta a Hitler en la que le decía: “Quizás logre resistir a todos los hombres, mas no a Jehová Dios. [...] En el nombre de Jehová Dios y de su Rey nombrado, Cristo Jesús, le pido que ordene a todos los funcionarios y siervos de su gobierno que permitan a los testigos de Jehová de Alemania reunirse pacíficamente y adorar a Dios sin estorbo”.

Rutherford señaló que si para el 24 de marzo de 1934 no se había aliviado la situación de los Testigos alemanes, los detalles de la persecución se publicarían por toda Alemania y el resto del mundo. Los nazis respondieron a su demanda incrementando los abusos y enviando a un gran número de testigos de Jehová a los recién inaugurados campos de concentración. Así pues, los Testigos figuraron entre los primeros en ser internados en los campos.

Denuncian los Testigos las atrocidades nazis

Fieles a su promesa, los testigos de Jehová comenzaron a denunciar las atrocidades perpetradas en Alemania. Testigos de todo el mundo enviaron repetidas veces cartas de protesta al gobierno de Hitler.

El 7 de octubre de 1934, la totalidad de las congregaciones de los testigos de Jehová de Alemania se reunieron para escuchar la lectura de una misiva dirigida a los funcionarios del régimen hitleriano, la cual decía: “Hay un conflicto directo entre la ley de ustedes y la ley de Dios [...]. Por lo tanto, la presente tiene como fin hacerles saber que obedeceremos los mandamientos de Dios a toda costa, que nos reuniremos para el estudio de su Palabra y que lo adoraremos y serviremos como él manda”.

El mismo día, los testigos de Jehová de 49 países se reunieron en asamblea especial y remitieron el siguiente telegrama a Hitler: “El maltrato a los testigos de Jehová por parte de usted escandaliza a toda la gente buena de la Tierra y deshonra el nombre de Dios. Absténgase de perseguir más a los testigos de Jehová; de otro modo, Dios lo destruirá a usted y a su partido nacional”.

Los nazis reaccionaron casi de inmediato intensificando la persecución. El propio Hitler exclamó: “¡Esta cría será exterminada de Alemania!”. Sin embargo, cuanto más aumentaba la oposición, tanto más firme era la determinación de los Testigos.

En 1935, The Golden Age sacó a la luz los métodos de tortura inquisitoriales del régimen nazi y su sistema de espionaje. También reveló que el objeto de las Juventudes Hitlerianas era desterrar la creencia en Dios de los jóvenes alemanes. Al año siguiente, una campaña de la Gestapo llevada a cabo en toda la nación condujo al arresto de millares de Testigos. Poco después, el 12 de diciembre de 1936, los Testigos emprendieron su propia campaña y cubrieron el país entero con decenas de miles de ejemplares de una resolución de protesta por la persecución de que eran víctimas.

El 20 de junio de 1937, los Testigos que aún gozaban de libertad distribuyeron otro mensaje que exponía con todo lujo de detalles la persecución, incluyendo nombres de funcionarios, fechas y lugares. Este desenmascaramiento y la habilidad de los Testigos para realizarlo causaron gran estupor en la Gestapo.

El amor al prójimo impelió a los Testigos a advertir a la población germana que no se dejara engañar por la flamante visión de un glorioso reinado milenario del Tercer Reich. “Debemos hablar la verdad y dar la voz de alarma —manifestó el folleto Enfréntense a los hechos, publicado en 1938— [...]. Reconocemos que el gobierno totalitario [...] es el producto de Satanás presentado como sustituto del reino de Dios.” Los testigos de Jehová figuraron entre los primeros blancos de la crueldad nazi, pero también condenaron a voz en cuello las atrocidades cometidas contra los judíos, polacos, minusválidos y otros colectivos.

La resolución “Amonestación”, adoptada en 1938 en una asamblea de los testigos de Jehová celebrada en Seattle (Washington, E.U.A.), declaró: “El fascismo y el nazismo, ambas organizaciones políticas radicales, han usurpado el control de muchos países de Europa [...]. Todos los ciudadanos sufrirán la reglamentación de su vida, serán privados de todos sus derechos y se verán obligados a someterse al mando de un dictador arbitrario; luego se restaurará enteramente la antigua Inquisición”.

Rutherford pronunciaba regularmente enérgicos discursos por radio sobre la naturaleza satánica del nazismo, los cuales eran retransmitidos por todo el orbe y distribuidos por millones en forma impresa. El 2 de octubre de 1938, en su discurso “Fascismo o libertad”, Rutherford denunció a Hitler en los siguientes términos nada equívocos.

“La gente común de Alemania es amante de la paz —proclamó Rutherford—. El Diablo ha puesto a Hitler, su representante, en control. Este hombre está perturbado mentalmente, es cruel, malicioso, despiadado [...]. Persigue cruelmente a los judíos por cuanto en un tiempo estuvieron en pacto con Jehová y portaron el nombre de Jehová, y porque Cristo Jesús fue judío.”

Conforme arreciaba la ira de los nazis contra los testigos de Jehová, las denuncias de estos eran cada vez más duras. El número del 15 de mayo de 1940 de Consolation dijo: “Hitler es un hijo del Diablo tan consumado que los discursos y las decisiones [del demonio] fluyen por él cual si fueran aguas que corren por una cloaca bien construida”.

Denunciados los horrores de los campos

Aunque el público en general no se enteró de la existencia de los campos de concentración sino hasta 1945, las publicaciones de la Watch Tower constantemente presentaron descripciones pormenorizadas de estos lugares durante los años treinta. En 1937, por ejemplo, Consolation informó de los experimentos realizados con gas tóxico en Dachau. Para 1940, los impresos de los Testigos habían dado el nombre de veinte campos y habían relatado las condiciones atroces en que vivían los presos.

¿Cómo era posible que los testigos de Jehová conocieran tan bien lo que sucedía en los campos de concentración? Al estallar la II Guerra Mundial, en 1939, ya había cerca de seis mil Testigos recluidos en campos y prisiones. El historiador alemán Detlef Garbe calcula que para entonces los Testigos componían entre el 5 y el 10% de la población total de los campos.

En un seminario sobre los Testigos y el Holocausto, Garbe relató: “De las 25.000 personas que admitieron ser Testigos de Jehová al comienzo del Tercer Reich, unas diez mil fueron enviadas a prisión para cumplir diversas condenas. De estas, más de dos mil fueron internadas en los campos de concentración. Lo que significa que de todos los grupos religiosos, con excepción de los judíos, los testigos de Jehová fueron los más perseguidos por las SS”.

En junio de 1940, Consolation dijo: “Había 3.500.000 judíos en Polonia cuando Alemania lanzó su blitzkrieg [guerra relámpago] [...], y si los informes que llegan al mundo occidental son ciertos, su aniquilación parece estar ya bastante avanzada”. En 1943, la misma revista informó: “Pueblos enteros, como los griegos, los polacos y los serbios, están siendo exterminados sistemáticamente”. Para 1946, The Golden Age y Consolation habían revelado la existencia de 60 prisiones y campos de concentración.

Los Testigos frustran los planes nazis

Si bien los nazis intentaron detener el flujo de publicaciones de la Watch Tower, un funcionario berlinés confesó: “Es difícil localizar los talleres clandestinos de Alemania donde los Estudiantes de la Biblia siguen imprimiendo sus publicaciones; nadie lleva nombres ni direcciones ni hay quien delate a otro”.

Pese a sus esfuerzos desesperados, la Gestapo nunca pudo capturar a más de la mitad del número total de Testigos de Alemania en un determinado momento. Imagínese el sentimiento de impotencia que debió de experimentar el complejo sistema de espionaje nazi al no poder acorralar a este pequeño ejército ni detener la circulación de sus publicaciones. Estas lograban salir a la calle, e incluso traspasaban las alambradas de los campos de concentración.

Triunfo sobre la barbarie

Los nazis, considerados maestros en doblegar la voluntad humana, trataron desesperadamente de hacer que los testigos de Jehová violaran su neutralidad cristiana, pero fracasaron miserablemente. El libro The Theory and Practice of Hell (Teoría y práctica del infierno) dijo: “No se puede evitar tener la impresión de que, desde un punto de vista psicológico, las SS nunca pudieron hacer frente al desafío que representaban los testigos de Jehová”.

De hecho, con el respaldo del espíritu de Dios, los Testigos ganaron la batalla. La historiadora Christine King, rectora de la Universidad de Staffordshire (Inglaterra), describió así a los dos bandos contrarios: “El uno [los nazis] era enorme, poderoso, aparentemente invencible. El otro [los Testigos] era sumamente pequeño [...], sin más armas que su fe [...]. Los testigos de Jehová humillaron moralmente el poder de la Gestapo”.

Los testigos de Jehová formaban un pequeño y pacífico enclave dentro del reino nazi. Con todo, libraron y ganaron una lucha a su manera: la lucha por el derecho a adorar a su Dios, amar al prójimo y decir la verdad.

[Fotografía en la página 7]

Los 150 trabajadores de la sucursal de los testigos de Jehová de Magdeburgo en 1931

[Ilustraciones en la página 8]

Las publicaciones de los testigos de Jehová denunciaron la colaboración de la Iglesia con el nazismo

[Ilustraciones en la página 11]

Estos esquemas de los campos de concentración aparecieron en las publicaciones de los Testigos en 1937

[Recuadro en la página 9]

Los Testigos denunciaron la existencia de los campos

AUNQUE los nombres de Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Sachsenhausen no se hicieron de conocimiento general sino hasta después de la II Guerra Mundial, ya eran conocidos mucho antes entre los lectores de las revistas The Golden Age (La edad de oro) y Consolation (Consolación). Los informes de los testigos de Jehová, sacados clandestinamente de los campos con gran riesgo y difundidos en las obras de la Watch Tower, pusieron al descubierto las intenciones asesinas del Tercer Reich.

En 1933, The Golden Age publicó el primero de una serie de reportajes sobre la existencia de los campos de concentración en Alemania. En 1938, los testigos de Jehová editaron en alemán, francés y polaco el libro Cruzada contra el cristianismo, que documentaba cuidadosamente los ataques virulentos de los nazis contra los Testigos e incluía esquemas de los campos de concentración de Sachsenhausen y Esterwegen.

El literato Thomas Mann, ganador del premio Nobel, escribió: “He leído con profunda emoción el libro y su documentación sobrecogedora. No puedo describir el sentimiento de aversión y odio que embarga mi corazón al leer estos relatos de degradación humana y crueldad abominable. [...] El silencio solo serviría para fomentar la indiferencia moral del mundo, [...] ustedes han cumplido con su deber al publicar este libro y sacar a la luz pública estos hechos”. (Cursivas nuestras.)

[Recuadro en la página 11]

Conducta de los Testigos en los campos

MOVIDOS por el amor al prójimo —los compañeros de la celda, del barracón o del campo—, los Testigos no solo compartían el alimento espiritual, sino también el alimento físico de que dispusieran.

Un sobreviviente judío del campo de concentración de Buchenwald relató: “Conocí allí a los Bibelforscher (Estudiantes de la Biblia). No dejaban de dar testimonio de sus creencias. De hecho, nada los hacía desistir de hablar acerca de su Dios. Eran muy serviciales con los demás prisioneros. Cuando el pogromo envió al campo a una gran concentración de judíos el 10 de noviembre de 1938, los ‘Jehovah’s schwein’ [cerdos de Jehová], como los llamaban los guardias, fueron por todas partes con su ración de pan para alimentar a los judíos ancianos y a los famélicos, quedándose ellos mismos sin nada que comer hasta por cuatro días”.

Una prisionera judía del campo de Lichtenburg dijo algo parecido referente a los Testigos: “Eran personas muy valientes y sobrellevaban su suerte con paciencia. Pese a que las prisioneras gentiles tenían prohibido hablarnos, estas mujeres nunca observaron dicha ordenanza. Oraban por nosotras como si fuéramos de la familia, y nos suplicaban que aguantáramos”.

[Recuadro en la página 12]

Predichos los esfuerzos por negar el Holocausto

EN SU número del 26 de septiembre de 1945, Consolation (Consolación) mencionó que en el futuro posiblemente se intentaría modificar la historia para negar lo sucedido. El artículo “¿Ha sido destruido el nazismo?” declaró:

“Los propagandistas creen que la gente es desmemoriada. Su intención es borrar la historia pasada y presentarse disfrazados de benefactores, ocultando sus antecedentes delictivos.”

La revista advirtió lo siguiente: “Hasta que Jehová guerree en Armagedón, el nazismo seguirá asomando su repugnante cabeza”.

[Recuadro/Fotografía en la página 10]

Los Testigos estuvieron entre los primeros recluidos en los campos

MADAME Geneviève de Gaulle, sobrina del antiguo presidente de Francia Charles de Gaulle y militante de la Resistencia francesa, fue apresada y posteriormente recluida en el campo de concentración de Ravensbrück, en 1944; allí conoció a los testigos de Jehová. Terminada la II Guerra Mundial, recorrió Suiza dando conferencias, en las que a menudo aludió a la integridad y el valor de aquellos. En una entrevista concedida el 20 de mayo de 1994, dijo lo siguiente:

“[Las Testigos] habían estado entre las primeras en ser deportadas al campo. Muchas ya habían muerto [...]. Se las reconocía por su distintivo. [...] Tenían terminantemente prohibido hablar de sus creencias o poseer cualquier libro religioso, en especial la Biblia, considerada el libro supremo de la sedición. [...] Sé de una [testigo de Jehová], y me dijeron que había habido otras, que fue ejecutada por habérsele encontrado unas cuantas páginas de textos bíblicos. [...]

”Algo que admiraba mucho de ellas era que podían haber salido en cualquier momento con tan solo firmar un documento abjurando de su fe. A la larga, estas mujeres, en apariencia tan débiles y extenuadas, resultaron ser más fuertes que las SS, que disponían del poder y los medios. Su fuerza residía en su férrea voluntad.”

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