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ad págs. 841-842

JEHOÁS

(“Jehová Es Fuerte”; o: “Jehová Ha Otorgado”).

l. Rey de Judá durante cuarenta años, desde 898 hasta 858 a. E.C. Era el hijo más joven del rey Ocozías de Judá; su madre era Zibíah, de Beer-seba. (2 Rey. 12:1; 1 Cró. 3:11.) En el texto masorético su nombre a menudo aparece abreviado: Joás.

La muerte de Ocozías le dio a Atalía, la inicua abuela de Jehoás, una excusa para proclamarse ella misma reina. Pero para evitar que cualquiera en el futuro desafiara su usurpación del trono, mató a todos los hijos de Ocozías con la excepción del joven Jehoás, que en aquel tiempo tenía menos de un año de edad. Él escapó de la masacre porque Jehoseba, que era tía suya y esposa del sumo sacerdote Jehoiadá, les escondió a él y a su nodriza secretamente en el templo por seis años. (2 Rey. 11:1-3; 2 Cró. 22:10-12.)

Cuando el niño llegó a tener siete años, Jehoiadá depositó su confianza en cinco principales a quienes les reveló por primera vez la existencia del heredero legal del trono. Jehoiadá entonces armó a los quinientos hombres, bajo el mando de estos principales, con escudos y armas del templo, y les dio instrucciones de que montasen guardia alrededor de Jehoás en la ceremonia de coronación en el patio del templo. A cualquiera que intentara interferir se le tenía que dar muerte. (2 Rey. 11:4-12, 21; 2 Cró. 23:1-11.) Al oír al pueblo gritar, Atalía vino corriendo y gritando: “¡Conspiración! ¡Conspiración!”. Rápidamente la escoltaron fuera y la mataron en la entrada de la Puerta de los Caballos. Jehoiadá entonces celebró un pacto de fidelidad entre Jehová y el rey recién nombrado junto con el pueblo, después de lo cual derribaron la casa de Baal y destruyeron sus altares e imágenes, dando muerte a Matán, el sacerdote de Baal. (2 Rey. 11:13-20; 2 Cró. 23:12-21.)

Mientras vivió el sumo sacerdote Jehoiadá y actuó como padre y consejero de Jehoás, el joven monarca prosperó. Este se casó a los veintiún años, y tuvo dos esposas, una de las cuales se llamaba Jehoadán, y por medio de ellas Jehoás llegó a ser padre de hijos e hijas. De esta manera, volvió a cobrar fuerza el linaje de David que llevaba al Mesías, linaje que estuvo a punto de ser cortado completamente. (2 Rey. 12:1-3; 2 Cró. 24:1-3; 25:1.)

La casa de Jehová tenía una gran necesidad de ser reparada, no solo a causa del tiempo (para entonces no tenía más de ciento cincuenta años), sino debido al abandono y saqueo llevados a cabo durante el reinado de Atalía. Como consecuencia, Jehoás instó a los levitas a que consiguieran dinero para la restauración por medio de ir de ciudad en ciudad por todo Judá; sin embargo, los levitas no respondieron de todo corazón, y la obra no se llevó a cabo. (2 Rey. 12:4-8; 2 Cró. 24:4-7.) Con el tiempo, cambió el proceder en el asunto de recoger y administrar los fondos. El pueblo respondió bien y la obra de reparación siguió adelante hasta su conclusión. (2 Rey. 12:9-16; 2 Cró. 24:8-14.)

Después de la muerte del fiel sumo sacerdote Jehoiadá, a la edad de ciento treinta años, los príncipes del reino gradualmente apartaron al rey Jehoás y al pueblo de la adoración a Jehová, dirigiéndolos a ídolos paganos y “postes sagrados” fálicos. Y cuando Jehová levantó profetas para advertirles, rehusaron prestar atención. (2 Cró. 24:15-19.) Jehoás llegó a matar a Zacarías, el hijo de Jehoiadá, porque por medio de él Dios le había preguntado con reprobación: “¿Por qué están traspasando los mandamientos de Jehová [...]?”. Las últimas palabras de Zacarías fueron: “Jehová lo vea y lo reclame”. (2 Cró. 24:20-22.)

La retribución no tardó en llegar. Al quitar Jehová su protección, una pequeña fuerza militar de sirios, conducidos por Hazael, invadieron el territorio de Judá, obligando a Jehoás a entregar el oro y los tesoros del santuario, así como sus propias posesiones, quedando él como un hombre acabado y enfermo. (2 Rey. 12:17, 18; 2 Cró. 24:23-25.) Poco después, dos de sus siervos formaron una conspiración y dieron muerte a Jehoás cuando este era relativamente joven, pues solo tenía cuarenta y siete años. Lo enterraron en la ciudad de David, con sus antepasados, y su hijo Amasias reinó en su lugar. (2 Rey. 12:19-21; 2 Cró. 24:25-27.)

2. Rey de Israel; hijo de Jehoacaz y nieto de Jehú. La forma abreviada de este nombre es Joás, grafía que aparece a menudo en el texto masorético, como se indica en la Traducción del Nuevo Mundo en inglés, ed. 1971. (Véanse, por ejemplo, Oseas 1:1; Amós 1:1 y las notas al pie de la página de 2 Reyes 13:9, 12-14, 25.) Gobernó durante dieciséis años, a mediados del siglo IX a. E.C. En el transcurso de la primera parte del reinado de este Jehoás (hijo de Jehoacaz) sobre el reino septentrional de Israel, Jehoás, el hijo de Ocozías, gobernaba sobre el reino meridional de Judá. (2 Rey. 13:10.)

En líneas generales, Jehoás hizo lo que era malo a los ojos de Jehová y permitió que la adoración de becerros continuara por toda la tierra. Sin embargo, cuando el profeta Eliseo estaba enfermo y a punto de morir, Jehoás bajó y lloró sobre su rostro, diciendo: “¡Padre mío, padre mío, el carro de guerra de Israel y sus hombres de a caballo!”. (2 Rey. 13:11, 14.) En respuesta a la solicitud del profeta, Jehoás disparó una flecha por la ventana hacia Siria, y luego hirió la tierra con sus flechas. No obstante, tan solo lo hizo tres veces. Esto provocó la indignación de Eliseo, pues él mismo dijo que si hubiese continuado hiriendo la tierra cinco o seis veces, Jehoás habría salido completamente victorioso sobre los sirios; pero ahora, solo disfrutaría de tres victorias parciales. (2 Rey. 13:15-19.) En sus tres campañas contra los sirios, obtuvo cierto éxito, reconquistando algunas de las ciudades israelitas que Hazael, el padre de Ben-hadad, había tomado del reino norteño. (2 Rey. 13:24, 25.)

En una ocasión, Jehoás le prestó cien mil hombres al rey de Judá para luchar contra los edomitas. Sin embargo, por consejo de un “hombre del Dios verdadero”, fueron despedidos; y aunque se les había pagado de antemano cien talentos de plata, se encolerizaron al ser enviados a sus casas, probablemente debido a perder la parte que esperaban del botín. Así, después de su regreso al norte, saquearon las ciudades del reino meridional, desde Samaria (quizás su base de operaciones) hasta Bet-horón. (2 Cró. 25:6-10, 13.)

Probablemente fue en venganza por este suceso que el rey de Judá provocó a Jehoás para que luchase. En la consiguiente batalla, Amasias, rey de Judá, fue capturado en Bet-semes, y las fuerzas de Jehoás irrumpieron a través del muro de Jerusalén, saquearon el oro y la plata del templo y de la casa del rey y se llevaron rehenes a Samaria. (2 Rey. 14:8-14; 2 Cró. 25:17-24.) Finalmente, Jehoás murió y fue enterrado en Samaria, y Jeroboán II, su hijo, gobernó en su lugar. (2 Rey. 13:12, 13; 14:15, 16.)

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