Los nazistas fanfarroneaban, pero los Testigos no
The Theory and Practice of Hell (La teoría y práctica del infierno) es un libro que da un informe analítico sobre los campos de concentración nazistas. Por años fué uno de los libros que más se vendió en Alemania, y en abril de 1955 se publicó una edición en inglés. De interés particular a los lectores de La Atalaya es lo que dice en el capítulo “Las categorías de los prisioneros” respecto a los testigos de Jehová, que incluye lo siguiente:
“El 6 de septiembre de 1938 los SS [guardias selectos nazistas] les ofrecieron a los testigos [en Buchenwald] la oportunidad de abjurar por escrito sus principios, especialmente su denegación a hacer juramentos y rendir servicio militar, comprando su libertad por medio de tal abjuración. Solamente un número muy pequeño no pudo resistir esta tentación. Después de eso los otros fueron sujetos a presión salvaje en un esfuerzo por quebrantar el espíritu de ellos. El domingo de la pascua florida en 1939 el oficial del pase de lista en Buchenwald trató de nuevo de persuadir a los Testigos a reconocer ‘Estado y Fuehrer.’ No tuvo ningún éxito. El domingo de Pentecostés todos los testigos de Jehová tuvieron que presentarse de nuevo en el área del pase de lista. Se les dirigió un discurso, y en seguida hubo un espantoso período de ejercicios fatigadores. Por una hora y cuarto los desdichados hombres tuvieron que revolcarse, andar a saltos, andar a gatas y correr mientras los impulsaban los puntapiés de los líderes del cuartel.
“Cuando la guerra estalló se invitó a los Testigos en el campo de concentración de Sachsenhausen a ofrecerse como voluntarios para el servicio militar. Cada denegación fué seguida por el fusilamiento de diez hombres de entre las filas de ellos. Después de haber muerto a cuarenta víctimas, los SS desistieron. En Buchenwald se dirigió la siguiente súplica a los Testigos el 6 de septiembre de 1939. El primer oficial al mando, Rödl, les dijo: ‘Ustedes saben que ha estallado la guerra y que la nación alemana está en peligro. Nuevas leyes están entrando en vigor. Si cualquiera de ustedes rehusa pelear contra Francia o Inglaterra, ¡todos ustedes tendrán que morir!’ Dos compañías de SS con equipo completo se pusieron en orden cerca de la casa de entrada. Ni un solo testigo respondió a la súplica del oficial. Hubo un breve período de silencio y luego vino la orden: ‘¡Manos arriba! ¡Vacíen sus bolsillos!’ Los hombres de la SS comenzaron a asaltarlos, robándoles su último centavo—represalia que parecía un poco grotesca en vista de lo que pudiera haberse esperado. Verdad, los testigos fueron asignados a la cantera y durante todo ese tiempo se les prohibió tratamiento médico.
“No puede uno menos que formarse la impresión de que, hablando psicológicamente, los SS nunca fueron quienes pudieran hacer frente con éxito al desafío que les presentaban los testigos de Jehová.”