Pronto, un mundo sin guerra
EL DÍA 24 de diciembre de 1914, un joven soldado británico llamado Jim Prince cruzó la tierra de nadie para hablar con un soldado de infantería alemán. “Yo soy sajón; tú eres anglosajón. ¿Por qué luchamos?”, preguntó el alemán. Años más tarde, Prince confesó: “Sigo sin conocer la respuesta a esa pregunta”.
Durante una semana extraordinaria de 1914, los soldados de los ejércitos inglés y alemán confraternizaron, jugaron al fútbol e incluso intercambiaron regalos de Navidad. Esa tregua no era, por supuesto, oficial. Los generales no querían que sus tropas descubrieran que el “enemigo” no era el monstruo cruel que se había representado en la propaganda bélica. El soldado británico Albert Moren más tarde recordó: “Si el alto el fuego hubiese continuado otra semana, habría sido muy difícil reanudar el conflicto”.
Este alto el fuego espontáneo indica que aun los soldados adiestrados ansían la paz y no la guerra. La mayoría de los soldados que han conocido los horrores de la batalla suscribirían el proverbio español: “Quien no sabe qué es guerra, vaya a ella”. No cabe duda de que si se llevara a cabo una encuesta entre la población mundial, la inmensa mayoría preferiría la paz a la guerra. Pero ¿cómo puede traducirse este deseo universal de paz en un mundo sin guerra?
Antes de que se pueda abolir la guerra, tienen que cambiar las actitudes. El Acta Constitucional de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura dice: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Sin embargo, la sociedad actual, con su creciente desconfianza y odio, no se está haciendo más pacífica, sino más violenta.
No obstante, Dios mismo promete que un día se grabará la paz en la mente de las personas de disposición recta. Mediante el profeta Isaías, predijo: “Él [Dios] ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra”. (Isaías 2:4.)
Se promueve la paz en la mente
¿Puede producirse este notable cambio mental? ¿Aprenderá alguna vez la gente a salvaguardar la paz en vez de glorificar la guerra? Considere el ejemplo de Wolfgang Kusserow. En 1942 los nazis decapitaron a este alemán de 20 años de edad porque no quiso ‘aprender la guerra’. ¿Por qué prefirió morir? En una declaración escrita citó los principios bíblicos: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo” y “todos los que toman la espada perecerán por la espada”. (Mateo 22:39; 26:52.) Luego preguntó oportunamente: “¿Hizo nuestro Creador que se escribiera todo esto para los árboles?”.
La Palabra de Dios, la Biblia, “ejerce poder”, y en el caso supracitado impelió a este joven testigo de Jehová a ir en pos de la paz, sin importar las consecuencias. (Hebreos 4:12; 1 Pedro 3:11.) Pero Wolfgang Kusserow no fue el único que anduvo de este modo en pos de la paz. En el libro La persecución religiosa de los nazis 1933-45, J. S. Conway cita de archivos oficiales nazis que muestran que los testigos de Jehová como grupo rehusaron tomar las armas. Como indica Conway, esta postura valerosa significaba prácticamente firmar su sentencia de muerte.
Los testigos de Jehová siguen en pos de la paz hoy, independientemente de su raza o nacionalidad. ¿Por qué? Porque han aprendido en la Biblia que los verdaderos siervos de Dios tienen que batir sus espadas en rejas de arado. Alejandro, un joven argentino que emigró a Israel en 1987, puede testificar personalmente de este hecho.
Alejandro vivió tres años en un kibutz mientras estudiaba en la universidad y trabajaba en varios hoteles y restaurantes. Durante este tiempo, empezó a leer la Biblia en busca de un propósito en la vida. Sobre todo, anhelaba ver un mundo en el que la gente pudiera disfrutar de paz y justicia. Alejandro, de raza judía, trabajaba con judíos y árabes, pero prefería no inclinarse por ninguno de los dos grupos.
En 1990 un amigo que estaba estudiando la Biblia con los testigos de Jehová invitó a Alejandro a una asamblea de un día que se celebraba en Haifa. Asombrado de ver a 600 judíos y árabes felizmente juntos en la asamblea, pensó para sí: ‘Así es como debe vivir la gente’. A los seis meses se hizo testigo de Jehová y ahora dedica la mayor parte de su tiempo a predicar el mensaje de paz de la Biblia.
¿Cómo traerá Dios la paz?
Conmovedores como puedan ser estos ejemplos, constituyen la excepción más bien que la regla. El presente sistema habla de paz de dientes para fuera, y al mismo tiempo siembra las semillas de la guerra. ¿Le gustaría vivir en una calle donde los residentes dedicaran entre el 7 y el 16% de sus ingresos para armas y protección de sus casas? Esto es en realidad lo que las naciones han invertido en gastos militares en los últimos años. No sorprende que la profecía de Isaías diga que la humanidad en conjunto nunca batirá sus espadas en rejas de arado hasta que Dios ‘enderece los asuntos respecto a muchos pueblos’. ¿Cómo lo hará?
El medio principal para enderezar los asuntos es el Reino de Jehová Dios. El profeta Daniel predijo que ‘el Dios del cielo establecería un reino que nunca sería reducido a ruinas’. Este Reino, añade, “triturará y pondrá fin a todos estos reinos [gobiernos mundanos], y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos”. (Daniel 2:44.) Estas palabras muestran que el Reino de Dios establecerá firmemente su dominio sobre toda la Tierra. Al eliminar las fronteras nacionales, el Reino hará obsoletas las rivalidades. Además, como sus súbditos serán “personas enseñadas por Jehová”, su paz “será abundante”. (Isaías 54:13.) No sorprende que Jesús nos enseñara a pedir a Dios: “Venga tu reino”. (Mateo 6:10.)
Se eliminan los obstáculos religiosos
Dios también eliminará los obstáculos religiosos para la paz. La religión estuvo tras el conflicto armado más largo de la historia: las Cruzadas, o “guerras santas”, que emprendió el papa Urbano II en 1095 E.C.a En nuestro siglo, el clero ha desempeñado un papel importante en fomentar el apoyo popular a las guerras, incluso a aquellas completamente ajenas a la religión.
El historiador Paul Johnson escribió con respecto al papel de las Iglesias cristianas nominales en la I Guerra Mundial: “Los clérigos demostraron que no podían, y en la mayoría de los casos no querían, poner la fe cristiana antes que la nacionalidad. La mayoría siguió el camino fácil y equiparó el cristianismo con el patriotismo. Los soldados cristianos de todas las confesiones recibieron la exhortación a matarse mutuamente en nombre de Su Salvador”.
La religión ha hecho más para encender la guerra que para alimentar la paz. Por ello, la Biblia representa a la religión falsa como una “ramera” que complace a los gobernantes del mundo. (Revelación 17:1, 2.) Dios la considera la principal culpable del derramamiento de sangre de todos los que han sido degollados en la Tierra. (Revelación 18:24.) Por consiguiente, Jehová Dios eliminará este obstáculo para la paz de una vez por todas. (Revelación 18:4, 5, 8.)
Aun con la desaparición de estos elementos divisivos, como la política y la religión falsa, la paz no estaría asegurada sin la eliminación del mayor belicista de todos: Satanás el Diablo. Esta es la tarea final que emprenderá el Reino de Dios en su programa de pacificación mundial. El libro bíblico de Revelación explica que Satanás será ‘prendido’, ‘atado’ y ‘echado al abismo’, de modo que ‘no pueda extraviar más a las naciones’. Posteriormente, será destruido por completo. (Revelación 20:2, 3, 10.)
La promesa bíblica del fin de la guerra no es un sueño ocioso. El programa de Jehová Dios para la paz ya está en marcha. Su Reino ha sido establecido en los cielos y está preparado para tomar las medidas necesarias a fin de garantizar la paz mundial. Entretanto, millones de testigos de Jehová, que apoyan este gobierno celestial, han aprendido a vivir en paz.
Claramente, pues, tenemos buenas razones para creer que las guerras no son inevitables. Lo que es más, podemos esperar el día cercano en que Jehová hará cesar las guerras para siempre. (Salmo 46:9.) Él se encargará de que pronto tengamos un mundo sin guerra.
[Nota a pie de página]
a En ocasiones, los mismos caudillos religiosos han sido guerreros. En la batalla de Hastings (1066), el obispo católico Odo justificó su participación activa en la guerra llevando un mazo en vez de una espada. Decía que si no derramaba sangre, el hombre de Dios podía matar legítimamente. Cinco siglos más tarde, el cardenal Cisneros dirigió personalmente la invasión española del norte de África.
[Ilustración en la página 7]
Usted puede vivir en un nuevo mundo sin guerra