Muchos deciden divorciarse... ¿por qué?
EN AÑOS recientes una enfermedad rara se ha esparcido a través de muchos países con una velocidad asombrosa. Las fuentes de noticias la llaman “Epidemia de divorcios,” “Fiebre de divorcio,” “Fiebre de ruptura.”
Según las cifras para los Estados Unidos dadas a conocer por el Centro Nacional de Estadísticas de la Salud, los matrimonios aumentaron en un 26 por ciento entre 1965 y 1973. Sin embargo, los divorcios aumentaron de 470.000 en 1965 a 913.000 en 1973, un aumento del 90 por ciento. El año pasado la cifra aumentó a 970.000 divorcios. Se predijo que para fines de 1975 los divorcios en los Estados Unidos excederían a un millón por año. Eso es casi un divorcio por cada dos nuevos matrimonios.
Esta “epidemia de divorcios” no está limitada a los Estados Unidos. A fines de 1973 el Journal de Oregón señaló que, según las cifras dadas por el gobierno, los divorcios en Egipto habían superado a los matrimonios por dos a uno durante 1970. Las cifras oficiales de Rusia, según un informe de la Prensa Asociada, indican que “una de cada cuatro parejas se divorcia, pero se cree que la proporción es realmente una de cada tres.” La gente de muchos otros países, como Italia, Portugal y Suecia, ha obtenido legislación que hace más fácil el obtener un divorcio.
Divorcio en Portugal
El 27 de mayo de 1975, Portugal promulgó una nueva ley de divorcio. Por primera vez en casi treinta y cinco años, las personas casadas por la Iglesia Católica Romana pueden obtener un divorcio en Portugal.
Allá en 1940 el gobierno portugués y el Vaticano firmaron un concordato en el cual el gobierno accedía a incluir en sus leyes una cláusula que prohibiera el divorcio para cualquier persona casada por la Iglesia Católica. El resultado fue el Artículo 1790 del Código Civil, el cual declaró imposible el “disolver por divorcio los matrimonios católicos celebrados desde el 1 de agosto de 1940.”
Esta ley impedía que los individuos casados por la Iglesia Católica obtuvieran un divorcio aun cuando sus cónyuges cometieran adulterio o escogieran hacer vida sexual con otro compañero o compañera. Pero más bien que mantener unidas a las parejas, el Artículo 1790 resultó en que miles de portugueses casados emprendieran arreglos consensuales con individuos que no eran sus cónyuges matrimoniales. Obviamente, los resultados de esas uniones fueron indeseables. Entre otras cosas, a los hijos que nacían de relaciones consensuales se les consideraba ilegítimos.
La nueva ley de divorcio, N.° 261/75, abolió el Artículo 1790 del Código Civil anteriormente mencionado. En armonía con esto, “de ahora en adelante los matrimonios católicos podrán disolverse en los tribunales civiles, del mismo modo y sobre las mismas bases con que se pueden disolver los matrimonios civiles.”
Algunas de las razones
Una razón importante por la cual tantos consortes casados se apresuran a los tribunales de divorcio es la facilidad con la que se puede disolver un matrimonio. Algunos lugares de los Estados Unidos ahora tienen un arreglo de “sin culpa.” Si un matrimonio insiste en que sus diferencias son “irreconciliables,” su matrimonio puede ser disuelto rápidamente. Desde que California introdujo una ley de esa clase, el número de divorcios allí ha aumentado en un 25 por ciento. En Gran Bretaña como resultado de la liberalización de las leyes de divorcio la cantidad de disoluciones matrimoniales ha aumentado a más del doble en tan solo dos años y medio.
La nueva ley de Portugal es un decreto muy liberal que no solo concede el divorcio sobre la base de adulterio, sino también sobre la base del consentimiento mutuo de ambos cónyuges. El Artículo 1778 del Código Civil portugués ahora declara que cualquier separación de facto que haya durado más de cinco años consecutivos constituye base para el divorcio. También es interesante el Artículo 1793 que permite convertir una separación legal en un divorcio por medio de una sencilla solicitud escrita presentada al tribunal.
¿Ha observado usted, además, cuán fácil es, en muchos lugares, contraer matrimonio? Como resultado, miles de adolescentes se han apresurado al matrimonio, solo para quedar desilusionados al enfrentarse a responsabilidades que no estaban preparados para asumir. Muchos buscan escapar por medio de los tribunales de divorcio.
En años recientes ha habido un cambio en la actitud para con la moral y esto, en muchos casos, es otro factor que conduce al divorcio. En épocas pasadas la mayoría de la gente consideraba la actividad sexual extramarital como una violación de la ley de Dios. Hoy, sin embargo, aumenta el número de personas que no tienen escrúpulos en absoluto acerca de cometer adulterio.
Otras razones para el divorcio que se citan frecuentemente son la insatisfacción sexual, las necesidades emocionales no satisfechas, disputas constantes, problemas con los suegros y abuso físico. A veces el divorcio hasta puede estar relacionado con la razón por la cual las personas se casaron en primer lugar. El escritor Sydney J. Harris señala:
“Más jóvenes se casan por razones negativas que por razones positivas... y las razones negativas no son capaces de mantener unida ninguna relación. . . . Por ejemplo, más parejas se casan para escapar de algo que para entrar en algo. Se casan para escapar de la soledad, del temor, de la desesperación, de una vida de familia deprimente, de un sentimiento de inseguridad. Están huyendo de algo más bien que hacia algo. Muchos están tratando de escapar de sus propios sentimientos de aislamiento o falta de atención.”
¿Está usted pensando en casarse pronto? ¿Ha analizado sus razones para dar este paso, y está seguro de que está equipado para asumir las responsabilidades del matrimonio y de la paternidad o maternidad?
Antes de optar por casarse, es sabio considerar los asuntos seriamente con su futuro cónyuge y buscar la guía de personas que han tenido mucha experiencia en un matrimonio feliz. Las Escrituras nos instan a pensar por anticipado en las cosas, diciendo: “Los planes del diligente seguramente propenden a ventaja, pero todo el que es apresurado seguramente se encamina a la carencia.”—Pro. 21:5.
Sin embargo, a menudo el divorcio brota de una causa que quizás no se manifieste. ¿Cómo es eso?
Deterioro de la comunicación
La esposa de un maestro de colegio explica por qué se desarrolló un vacío en su vida:
“El mundo [de mi esposo] comienza y termina en la escuela secundaria, y aunque a mí me interesa su trabajo y quiero compartir todo con él, descubrí poco después de nacer mi segunda hija que yo necesitaba conversación adulta. . . . Oh, por supuesto, cuando nos estamos haciendo el amor, siento una relación muy íntima con [mi esposo], pero el resto del tiempo me siento como si su mente estuviera en un libro de texto o en el aula y que yo solo soy un adorno animado en la casa.”
El problema aquí era uno básico... falta de comunicación. Se halló que este problema encabezaba dos listas de cosas que causan dificultades matrimoniales. Cuando la comunicación se deteriora, también surgen otros problemas, como el de si se debe tener hijos y cómo educarlos. Y, según un estudio efectuado por la revista McCall’s, la clave de la confusión acerca de asuntos de dinero era una perturbadora falta de comunicación entre los cónyuges siempre que surgía el asunto del dinero. El principio en Proverbios 15:22 realmente es cierto con respecto al matrimonio: “Resultan frustrados los planes donde no hay habla confidencial.”
La comunicación con el cónyuge de uno requiere más que meramente considerar los asuntos domésticos. Piense en su propio noviazgo. ¿No se aseguraban repetidamente usted y su prometida o prometido de su amor, aprecio y de cuánto se necesitaban mutuamente? ¡Por supuesto!
Pero, ¿qué sucede después del casamiento? En muchos casos la comunicación de afecto entre los matrimonios cesa por completo. Esto puede tener consecuencias deplorables, según lo señala un artículo en el Sunday News de Nueva York: “Es una trivialidad común el que el esposo infiel sencillamente está sobreexcitado sexualmente. Pero eso no es cierto. El enfriamiento del amor y del afecto en el hogar envía a muchos más hombres a la infidelidad que los que se van debido a lujuria.” Lo mismo se puede decir de las mujeres cuyos esposos las privan del afecto.
Sin embargo, puede ser que los problemas en el matrimonio brotan de una causa aun más básica. ¿Cuál es?
“Todos quieren más”
¿Ha observado usted el creciente énfasis en el yo que impregna el pensamiento moderno? “Los matrimonios están sucumbiendo,” declara Erica Abeel en la revista New York, “porque nada menos que una relación perfecta les satisface. Nadie quiere avenirse o adaptarse... todos quieren más. El empuje por ‘más’ proviene mayormente de la psicoterapia. . . . Pero desafortunadamente para los matrimonios, ‘más’ a menudo significa más para mí en vez de más para nosotros. Y el concepto que la esposa tiene de ‘más’ puede ser muy diferente al de su esposo.” Concuerdan con esto los siguientes comentarios de Joseph Epstein, autor del libro Divorced in America (1974):
“La terapia es la nueva religión y la terapia es el yo . . . ¿cómo me beneficia a mí? La nueva edad de psicología le dice a uno que cuide del Número Uno. Toda esa atención al yo es muy irritante y corroedora en un matrimonio.”
El énfasis actual en el yo engaña a muchos cónyuges desprevenidos y los hace pensar que se están perdiendo lo mejor en satisfacción personal. Llegan a “aburrirse” de sus responsabilidades en el trabajo y en el hogar. Entonces surgen las exigencias de más satisfacción durante las relaciones sexuales, de “mayor realización” en todo. ¿Y qué sucede cuando no se satisfacen estas demandas?
Se considera un acto valiente dirigirse a un tribunal de divorcios. “Para muchas personas,” explica un escritor en Atlantic, “el divorcio es una especie de título universitario, un punto de crecimiento y autoanálisis y cambio, un hacerle muecas al matrimonio.”
¿Sería el divorcio un “punto de crecimiento” para usted? O, ¿acaso hay un modo mejor de abordar sus problemas matrimoniales?