BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • g81 22/5 págs. 16-20
  • Duras realidades que afronta la mujer que trabaja

No hay ningún video disponible para este elemento seleccionado.

Lo sentimos, hubo un error al cargar el video.

  • Duras realidades que afronta la mujer que trabaja
  • ¡Despertad! 1981
  • Subtítulos
  • Información relacionada
  • Las mujeres van a trabajar
  • ¿Debería trabajar yo?
  • Costos financieros
  • “Se sacrifica el orgullo”
  • Costo emocional
  • El precio que pagan los hijos
  • Mejor opción
  • ¿Debe trabajar la mujer... o no?
    ¡Despertad! 1978
  • El salario de la esposa... ¿vale la pena?
    ¡Despertad! 1985
  • Los problemas de las mujeres que trabajan
    ¡Despertad! 1978
  • Cómo sentirse realizada siendo madre de familia
    La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 2008
Ver más
¡Despertad! 1981
g81 22/5 págs. 16-20

Duras realidades que afronta la mujer que trabaja

EL ALTO costo de la vida ha cambiado el modo de vivir de millones de mujeres. Hay muchas cosas que la familia tal vez necesite, sí, y muchas más que quizás desee, pero que no puede darse el lujo de tener. Cuando los ingresos del cabeza de la familia ya no bastan para mantener el estilo de vida al que se ha acostumbrado la familia, se tiene que tomar una decisión... o hay que aumentar los ingresos por medio de hacer que más miembros de la familia salgan a trabajar, o hay que adoptar un nivel de vida más bajo.

Mientras sirve una comida preparada con sobras, la esposa tal vez saque a relucir el tema: “Amor, ¿qué te parece si trato de conseguir empleo? Mamá ha ofrecido ayudar a atender a los niños.”

Desde Gran Bretaña hasta Corea del Sur, por todo el mundo, la gente está sintiendo una presión de índole económica. Como lo expresó cierta fuente de información: “El rasgo más prominente de la economía mundial durante 1979 fue el rápido incremento en la inflación.” Y el costo de vida no mejoró en 1980.

Las mujeres van a trabajar

En los Estados Unidos, millones de amas de casa se han incorporado a las filas laborales durante la pasada década... una afluencia que, según se dice, no tiene precedente. En ningún otro período de la historia estadounidense ha habido más mujeres trabajando fuera del hogar que ahora... ¡el 51 por ciento de todas las mujeres de 16 años de edad en adelante! Pero esta tendencia no se limita de manera alguna a los Estados Unidos. En Suecia el 60 por ciento de todas las mujeres que tienen hijos están empleadas fuera del hogar, un porcentaje más alto aún que el de los Estados Unidos. Mundialmente, las mujeres hoy en día componen la tercera parte del personal laboral asalariado.

En general hay más trabajos accesibles a las mujeres. En muchos países, especialmente en los que están en vías de desarrollo, grandes empresas que andan “en busca de mano de obra barata y abundante, invariablemente recurren a las mujeres. En Singapur, por ejemplo, el porcentaje de mujeres empleadas en las industrias de exportación . . . aumentó en 118 por ciento, mientras que el porcentaje de varones empleados en estas industrias aumentó en solo 36 por ciento,” durante el mismo espacio de tiempo.—World Press Review, junio de 1980.

¿Debería trabajar yo?

Si usted es mujer, probablemente en la actualidad está trabajando fuera de su hogar o podría hallar empleo si lo deseara. Aunque usted quizás no reciba un salario tan bueno como el de su esposo o el de su padre, tal vez le parezca que en estos tiempos de inflación lo único que puede salvar económicamente a la familia es que usted obtenga empleo.

Sería imprudente e injusto declarar que bajo ninguna circunstancia deberían las mujeres, incluso las esposas y madres, obtener empleo. Pero es igualmente imprudente buscar trabajo sin tener una idea práctica de lo que le costará el tenerlo. El verdadero valor de un empleo en su propio caso solo se puede calcular con exactitud si se comparan los beneficios del empleo que usted tiene u obtendrá con lo que tal empleo le costará en otros sentidos. Aunque las condiciones varían de un país a otro, bien puede ser que usted encuentre provechoso considerar algunos de los siguientes factores, si es mujer y está pensando en conseguir empleo.

Costos financieros

Suponga que a una mujer casada que tiene un hijo de edad preescolar se le ofrece un empleo con salario de 15.000 dólares al año. ¿Cuánto de ese dinero llevará ella en realidad a casa? ¿La mitad? ¿La tercera parte? ¡En muchos países es muy probable que sea la quinta parte!

¿Se le hace difícil creerlo? Considere el caso de una esposa y madre que estuvo empleada y examine el registro financiero de ella, según se publicó en la revista Changing Times y según aparece al pie de esta página, bajo el encabezamiento: “Cuesta dinero trabajar.”

Si usted está entre las mujeres que trabajan fuera de casa, ¿por qué no saca unos cuantos minutos para hacer una lista de las diferentes maneras en que gasta su dinero? Considere sus gastos diarios, como lo que le cuesta el transporte por autobús y el almuerzo, y multiplíquelos por 250 si usted trabaja cinco días a la semana, o por 300 si trabaja seis días. ¿Tiene usted automóvil solamente porque su trabajo hace necesario que lo tenga, y paga por el mantenimiento del vehículo? Incluya esto en sus cálculos. ¿Necesita usted ropa especial para la oficina? ¿Tiene que pagar a alguien para que le cuide los hijos? El costo total de su empleo tal vez le sorprenda.

Como usted puede ver, los impuestos constituyeron el mayor gasto para la mujer de quien tratamos. Claro, tal vez en el país del lector los impuestos no sean tan altos como en los Estados Unidos. Pero si usted vive en Europa es probable que sean más altos todavía. En Suecia, por ejemplo, el 60 por ciento de la ganancia total se va en impuestos. Note también el gasto adicional para transporte y ropa que esta mujer se acarreó debido a su empleo. Tales gastos son bastante comunes.

La familia de esta mujer no debería considerar ni siquiera su ingreso neto de 3.037 dólares como del todo una ganancia. Esta suma debería compararse con lo que la familia pierde en términos de los servicios de ella como esposa y ama de casa de tiempo completo. ¿Cuánto valen esos servicios? ¡Valen más de lo que muchas mujeres se imaginan!

“Se sacrifica el orgullo”

Un estudio reveló que en 1972 hubiera costado 6.417 dólares contratar a alguien por espacio de un año para que efectuara todos los quehaceres domésticos de un ama de casa de término medio de 30 años de edad. Según el valor del dólar en 1980, esta suma sería de más o menos $12.000. Por supuesto, la esposa que trabaja fuera de casa todavía atiende a muchos de los quehaceres del hogar, pero ciertamente no tiene ni el tiempo ni la energía para hacer lo que hacía anteriormente.

Dijo una madre que trabaja: “Una simplemente no puede dar el 100 por ciento de su esfuerzo a su trabajo y también mantener el hogar como acostumbraba hacerlo. Aun si una tiene un esposo que la ayude mucho, como lo hace el mío, no puede evitar que desmejore la calidad del trabajo doméstico. Se sacrifica el orgullo.” Aunque sería difícil asignar un valor monetario a los afanosos quehaceres domésticos, no cabe duda de que éstos afectan la calidad de la vida familiar.

La madurez y la comunicación son especialmente necesarias cuando tanto el esposo como la esposa trabajan fuera de casa. Por ejemplo, la unidad de la familia puede sufrir si al esposo le parece que su posición como cabeza de la familia está amenazada por el salario de su esposa, especialmente si ésta gana tanto como él, o más. La situación no mejora si la esposa adopta la actitud de: “Yo me gané este dinero; y lo gastaré como me parezca.”

El matrimonio también puede sufrir si la esposa considera su empleo principalmente como un escape del “aburrimiento” del hogar. Sin darse cuenta de ello, quizás gaste todas sus fuerzas en su trabajo fuera del hogar, a tal grado que descuide los quehaceres domésticos y su esposo proteste. En cambio, el esposo tal vez no se dé cuenta de que su esposa necesita más ayuda en el hogar ahora que tiene un empleo. La comunicación de parte de los dos es importante. El problema es que la comunicación puede hacerse difícil cuando ambos cónyuges quedan desgastados después de un día de duro trabajo que culmina en las “horas extraordinarias” de los quehaceres domésticos que son indispensables.

Es útil el que de antemano el esposo y la esposa se pongan de acuerdo en cuanto a por qué ella está aceptando un empleo y sobre lo que se hará con el dinero que ella gane. El arreglo puede ser flexible y revisarse, pero el llegar a un acuerdo es una manera valiosa de evitar que haya malentendidos en el futuro.

Costo emocional

“En mi empleo tengo el problema de que los hombres hacen comentarios sugestivos,” se quejó una madre que trabaja fuera de casa. “Esto puede hacer que una llegue a casa de humor pésimo.” Muchas mujeres que trabajan fuera del hogar expresan esta misma queja. “Es una lucha constante,” dijo una joven que trabaja en un banco. “Esos tipos son capaces de hacer casi cualquier cosa con el fin de quebrantar mi resistencia. El esfuerzo va desde querer llevarme a almorzar hasta pedirme que me vaya con ellos a Florida. Lo que más me molesta es que parece que la situación va de mal en peor.”

Aunque grupos feministas están ganando contiendas legales contra tal comportamiento, “nadie cree que las leyes eliminarán el hostigamiento sexual,” como lo indicó la revista Newsweek recientemente. El costo emocional puede ser grande. “Según un estudio, mujeres que se veían como víctimas del hostigamiento sexual informaron que sufrían de dolores de cabeza, náuseas e insomnio.” Este es un costo que tiene que calcularse, aun cuando una mujer trabaje en un “buen establecimiento”... como en un banco.

Las mujeres que vuelven a trabajar fuera del hogar poco después de haber tenido su primer infante hallan que tienen que pagar un precio inesperado desde el punto de vista emocional. “Fui necia al pensar que sería fácil regresar al trabajo,” dijo Margarita, quien volvió a su empleo solo cinco semanas después de haber dado a luz. “Me hallaba preparada para regresar al trabajo, cuando Justin empezó a sonreír por primera vez —eso sucedió cuando él tenía un mes— y de repente el ser madre me pareció tan maravilloso que solo podía pensar: ‘No puedo regresar al trabajo y perderme todas estas cosas fantásticas y sutiles que le están sucediendo al nene. . . . No puedo regresar, porque tal vez le cause daño.’ Pues bien, sí regresé al trabajo, y fue una agonía para mí.”

El precio que pagan los hijos

Sara, madre joven de dos hijos, dejó su empleo después de dar a luz al segundo. “Dejé de trabajar debido a los niños,” dice ella. “Estoy convencida de que una madre debe pasar tanto tiempo como sea posible con sus propios hijos. No quiero poner en peligro la unidad de mi familia por tener un dólar más.”

Cuando a esta madre se le preguntó si le parecía que había alguna diferencia en su vida familiar como resultado de que ella hubiera dejado de trabajar, contestó enfáticamente: “He podido ver un gran cambio en mis hijos desde que dejé el empleo. Son mucho más francos conmigo. La comunicación entre nosotros ha mejorado. Mientras estuve trabajando pude darme cuenta de que mi hija estaba alejándose de mí. ¿Qué se podía esperar? Ella pasaba todo el día en casa de su abuela. Conozco a madres que trabajan fuera del hogar y ahora puedo ver una verdadera diferencia entre mis hijos y los de ellas.”

Claro, fue necesario hacer ajustes cuando esta madre dejó de trabajar fuera de casa. Ella admite lo siguiente: “Tuvimos que dejar de gastar dinero en ciertas cosas. Mi gran debilidad es la ropa y he tenido que aprender a esperar hasta las ventas especiales en vez de simplemente comprar algo cuando se me antoja. Mi esposo se lleva el almuerzo en una bolsa ahora en vez de almorzar en un restaurante, y eso nos ayuda también.”

Es verdad que no todas las madres que trabajan fuera de casa pueden darse el lujo de dejar el trabajo para pasar más tiempo con sus hijos. En ciertos casos el esposo ha perdido el empleo debido a las fluctuaciones económicas, y el único ingreso que la familia tiene proviene del trabajo de la esposa. Debido al aumento en el índice del divorcio en la mayoría de los países, aumenta la cantidad de madres que se ven obligadas a criar a sus hijos sin la ayuda de un cónyuge, y sin suficiente ayuda financiera del que era su esposo.

Sin embargo, en muchos casos las esposas y madres están trabajando fuera de casa, no para que la familia pueda sobrevivir, sino simplemente para mantener el nivel de vida al cual la familia se ha acostumbrado. En este caso, particularmente, hay que hacer la pregunta: ¿Vale la pena?

Robert Coles, siquiatra de niños, hizo el siguiente comentario acerca de la vida de familia en los Estados Unidos: “La vida familiar ha llegado a ser para muchas personas un asunto materialista: ¿Cuánto tiene la familia, y cuánto puede seguir teniendo desde el punto de vista material? La gente está viviendo muy cómodamente en el sentido de que tiene varios automóviles, un aparato de aire acondicionado y televisión; pero están destrozándose el alma unos a otros.” ¿No indica esto que hace falta un examen de prioridades?

Mejor opción

Nadie quiere ser pobre ni morir de hambre. Si uno se enfrenta a la alternativa de vivir en extrema pobreza o pasar hambre, sería insensato no trabajar para alcanzar un nivel de vida aceptable. Pero mucha gente hoy en día no está trabajando para ganarse su próxima comida, sino para comprarse un segundo automóvil, equipo estereofónico, un hogar de veraneo... la gente está destrozándose el alma para adquirir ciertas posesiones materiales.

Esto recuerda un excelente consejo práctico que se dio hace más de 2.500 años. “No me des ni pobreza ni riquezas.” (Pro. 30:8) Tal como la pobreza produce frustración, degradación y miseria, el otro extremo de tener demasiadas posesiones materiales puede resultar en que uno excluya de la vida asuntos de más valor, como la familia o la adoración de Dios. Si hay personas que se están desgastando por pagar por un modo de vivir que les impide tener tiempo para sus seres queridos o para asuntos que refresquen el espíritu humano... ¿están esas personas realmente en mejor situación que la de aquellas a quienes oprime la pobreza?

Usted probablemente disfrutará de más felicidad si, en vez de luchar desesperadamente por mantener un modo de vida de mayor opulencia, sacrifica unas cuantas cosas superfluas y se contenta con un modo de vivir más sencillo. En muchos casos, el no trabajar fuera del hogar elimina ciertos gastos que la esposa tendría que afrontar al tener un empleo. Por lo tanto, no se necesitaría “apretar el cinturón” tanto como se hubiera pensado, aunque esto varía según los casos.

¿Por qué no aprovechar el desafío envuelto en trabajar juntos como familia para ahorrar, de modo que haya menos gastos? El siquiatra Coles hace el siguiente comentario: “Los padres olvidan que quizás lo que los hijos necesitan, más que cualquier otra cosa, es disciplina y un sentido de estar comprometidos a algo que sea mayor que ellos mismos. Los hijos necesitan que de ellos se exija, así como que se les dé.” Por eso, ¿por qué no dejar que los hijos participen en los esfuerzos que haga la familia por eliminar gastos innecesarios, o en tratar con más cuidado las posesiones de la familia? Puede cultivarse un sentido de propósito y cooperación dentro del círculo familiar.

Cuando se necesita que todo miembro de la familia desempeñe su papel en cuidar de las necesidades genuinas de la familia, el contribuir a esto produce un sentido de satisfacción. Pero el efecto es bastante diferente cuando una mujer se consigue un empleo simplemente porque se siente aburrida en casa, o por un interés mayormente personal.

La verdadera felicidad no resulta de ganar suficiente dinero para que cada miembro de la familia pueda poseer su propio automóvil. Lo que proporciona verdadero contentamiento no es el tener una televisión o un aparato estereofónico en su propia habitación ni el poder comprar ropa nueva con mayor libertad. La vida consiste en mucho más que eso. Los intereses espirituales enriquecen la vida como jamás pueden hacerlo las posesiones materiales. Sea que a usted como mujer se le haga necesario conseguir empleo o no, su mayor felicidad resultará de ser rica en esos intereses espirituales.—Luc. 12:20, 21; Mat. 13:18-23.

[Comentario en la página 18]

“Dejé el trabajo por los niños”

[Comentario en la página 19]

El esfuerzo conjunto por reducir los gastos puede beneficiar a toda la familia

[Recuadro en la página 17]

CUESTA DINERO TRABAJAR

(todas las cantidades en moneda de E.U.A.)

renta bruta $15.000

impuestos federales 5.238

impuestos para el seguro social 908

impuestos estatales 862

cuidado de los hijos 2.080

ayuda en el hogar a $25

por semana 1.250

almuerzo en el trabajo a $15

por semana 750

ropa para el trabajo ($200

gasto inicial, entonces

$25 al mes) 500

transportación a $7,50

por semana 375

Total de gastos 11.963

Rentas netas $3.037 = 20,2 % de $15.000

    Publicaciones en español (1950-2025)
    Cerrar sesión
    Iniciar sesión
    • español
    • Compartir
    • Configuración
    • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
    • Condiciones de uso
    • Política de privacidad
    • Configuración de privacidad
    • JW.ORG
    • Iniciar sesión
    Compartir