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¡Despertad! 1996
g96 8/6 págs. 16-19

En memoria de su fe

EL AÑO 1995 marcó el cincuentenario de la liberación de los campos de concentración nazis. Sus víctimas conmemoraron esta ocasión en grandes concentraciones por toda Europa, en las que estuvieron presentes jefes de Estado: en Auschwitz, Bergen-Belsen, Buchenwald, Dachau, Ravensbrück, Sachsenhausen y otros campos. Una idea que se recalcó constantemente fue: “¡Nunca lo olvidemos!”.

Con este motivo, los testigos de Jehová presentaron exposiciones en Europa durante este aniversario. El gobierno de Hitler había internado en campos de concentración a muchos Testigos, por negarse a efectuar el saludo hitleriano y apoyar la guerra. A partir de 1933, miles fueron encarcelados y muchos murieron a consecuencia del maltrato.

El público en general no conoce sus experiencias, lo cual ha dado origen a la expresión “las víctimas olvidadas de la historia”. Un grupo de Testigos sobrevivientes manifestaron el deseo de perpetuar el recuerdo de sus familiares y compañeros que fueron perseguidos, encarcelados, torturados y asesinados, y de dar a conocer el testimonio de fe y valor que dieron estos Bibelforscher, como se llamaba a los testigos de Jehová en los campos de concentración.

El 29 de septiembre de 1994, el Museo en Memoria del Holocausto, de Washington, D.C. (E.U.A.), celebró un seminario sobre los testigos de Jehová en los campos de concentración. Los sobrevivientes de los campos organizaron dos grandes reuniones conmemorativas en Francia: una el 28 de marzo de 1995 en Estrasburgo, y la otra, el 30 de marzo en París. Fue conmovedor oír las experiencias de estos hombres y mujeres de edad avanzada que siguen fieles a Dios cincuenta años después. Cerca de Berlín, en Brandemburgo (Alemania), donde en el pasado muchos Testigos fueron decapitados, se celebró una reunión parecida el 27 de abril. Al otro día, una buena cantidad de sobrevivientes asistieron a las ceremonias que organizó el estado de Brandemburgo y visitaron varios campos.

La exposición de Francia

En el marco de estas reuniones se presentó una exposición que llevaba el título Mémoire de Témoins (En memoria de los Testigos). Desde mayo de 1995 hasta abril de 1996, visitó 42 ciudades de Francia y varias de Bélgica, así como la región francófona de Suiza. Aunque, en primer lugar, los hombres y mujeres de la exposición son testigos de Jehová Dios, también son testigos de los sufrimientos que padecieron y vieron en los campos de concentración. Son prueba viviente de que existió una ideología intolerante que ocasionó el sufrimiento y la muerte de millones de personas debido a su raza o religión. Además, su testimonio denuncia el hecho de que muchos “cristianos” prefirieron a un seudomesías, Hitler, que a Jesucristo; el odio en vez del amor al prójimo, y la violencia en lugar de la paz.

La exposición consistió en unos setenta paneles, que comenzaban con una relación cronológica de acontecimientos: la apertura de los campos de Dachau y Oranienburg en marzo de 1933; las leyes de Nuremberg para “proteger la sangre alemana” en septiembre de 1935; el Anschluss, es decir, la anexión de Austria a Alemania en marzo de 1938; la Kristallnacht (noche de los cristales rotos) en noviembre del mismo año, en la cual se saquearon miles de tiendas judías y se arrestó y deportó a más de treinta mil personas; la proscripción gradual de los testigos de Jehová; la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941, y la eutanasia aplicada a los enfermos mentales de 1939 a 1941.

Algunos paneles pusieron de relieve el adoctrinamiento al que se sometió a los integrantes de las Juventudes Hitlerianas y la fascinación de las masas por las gigantescas concentraciones nazis de Nuremberg. Las fotografías recordaron la negativa de los testigos de Jehová a jurar lealtad al führer y hacer el saludo hitleriano. Otros paneles mostraron las campañas de desinformación que tenían como objetivo desacreditar a los testigos de Jehová y cómo, de 1935 en adelante, distribuyeron revistas y tratados que denunciaban los abusos del nazismo.

Experiencias personales

Alrededor de cuarenta paneles contaron las experiencias de hombres y mujeres normales de toda Europa que sufrieron persecución e incluso la muerte por causa de su fe. Los sobrevivientes apoyaron la exposición con su presencia, y los visitantes los escucharon con atención. Louis Arzt embelesó a los niños con su relato. Oriundo de Mulhouse (Francia), lo separaron de sus padres y lo enviaron a Alemania por negarse a decir Heil Hitler! en la escuela. “Un soldado de las SS me golpeó por no hacer el saludo. Me dio treinta golpes. Dos días más tarde me puso la mano en el hombro y trató de aprovecharse de mis sentimientos. ‘Piensa en tu mamá. ¡Qué contenta estaría de verte! Lo único que tienes que hacer para tomar el tren es decir Heil Hitler!’ Era una prueba difícil para un niño de 12 años.” Muchos se conmovieron con las experiencias de Joseph Hisiger, que cambió su ración semanal de pan por la Biblia de su compañero de celda protestante.

Otra parte de la exposición consistía en vídeos de entrevistas a Testigos deportados. Algunas entrevistas tuvieron lugar en los campos mismos, como en Ebensee (Austria), Buchenwald y Sachsenhausen (Alemania). Otras entrevistas tenían que ver con diversos aspectos de la vida en los campos y los recuerdos de los Testigos que habían sido deportados de niños.

La inauguración

Se introdujo cada presentación de la exposición con una pequeña ceremonia, en la que un representante de los deportados explicó la resistencia espiritual de los testigos de Jehová frente al nazismo. Algunos deportados no Testigos, así como historiadores y funcionarios, incluido un ex ministro del gobierno francés, también accedieron gentilmente a hablar.

Un hombre que había sido deportado y que conoció a los testigos de Jehová en Buchenwald dijo respecto a ellos: “A excepción de los judíos, no conozco otros deportados a los que se haya tratado tan ignominiosamente: los golpearon, humillaron, insultaron y les dieron las tareas más degradantes. De no haber sido por su fe, no habrían podido resistir. Merecen mi mayor respeto y admiración”.

Las reacciones

La exposición recibió a más de cien mil visitantes. En algunos lugares centenares de personas, entre ellas gran cantidad de jóvenes, hicieron fila a fin de entrar en la sala de exposición. Muchos expresaron su parecer escribiendo algunas palabras en el libro de visitantes. Por ejemplo, una niña escribió: “Me llamo Sabrina. Tengo 10 años y quisiera ser tan valiente como Ruth para agradar a Jehová”.a

Los medios de comunicación también hablaron de la exposición. Por lo general, en cada ciudad aparecían uno o dos artículos en la prensa local. La radio también le dio publicidad y emitió programas en los cuales se entrevistó a algunos ex deportados. La televisión regional presentó breves reportajes. Uno de ellos se refirió a la exposición “como un relato sencillo pero trágico que llega al límite de lo inenarrable, una memoria que rinde tributo a una dignidad que no puede arrebatarse”.

Para los sobrevivientes, el cincuentenario de la liberación permanecerá grabado en su mente mucho tiempo. Aunque evocar recuerdos dolorosos no siempre les ha resultado fácil, al rescatarlos del olvido y compartirlos, los Testigos han fortalecido la fe de otros. Para ellos ha sido un privilegio participar en esta exposición y eliminar parte del prejuicio y la ignorancia que todavía persisten después de cincuenta años. Sobre todo, tienen la satisfacción de saber que su testimonio honra a su Dios, Jehová, y permite que otras personas jamás olviden lo que aguantaron como Testigos de él.

[Nota]

a Ruth Danner fue deportada a la edad de nueve años junto con sus padres e internada en seis campos distintos. Véase el Anuario de los testigos de Jehová para 1980, publicado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc., página 103.

[Ilustraciones de las páginas 16 y 17]

Algunos testigos de Jehová, a quienes el gobierno de Hitler deportó e internó en campos de concentración, relataron su historia

Varios artículos de “The Golden Age” denunciaron los abusos del nazismo

Unos setenta paneles relataron la historia de la persecución nazi de hombres, mujeres y niños que se negaron a renunciar a su fe

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