¿Están los niños seguros con su perro?
POR EL CORRESPONSAL DE ¡DESPERTAD! EN LA REPÚBLICA SUDAFRICANA
SYDNEY, de dos años de edad, andaba demasiado cerca de un perro de raza rottweiler que estaba atado. El animal lo atacó y le hirió seriamente el cuero cabelludo, además de casi arrancarle la oreja izquierda. Sydney va a necesitar varios injertos de piel.
Con el aumento de la cantidad de personas que utilizan perros para protegerse, también se han incrementado los ataques de estos animales a los niños. Entre las razas caninas que se sabe que han mordido a los pequeños están los rottweilers, dobermans, bullmastiffs, pastores alemanes y bullterriers. Un estudio que se realizó en la República Sudafricana reveló que en la mayoría de los casos, los niños conocían a los perros que los atacaron. Casi la mitad fueron víctimas de perros del vecindario, y la cuarta parte, de los suyos propios. Los perros callejeros solo protagonizaron un 10% de los ataques. En muchos casos la víctima, seguramente sin darse cuenta, había provocado al animal de algún modo. Evidentemente, si los dueños de los perros y los padres toman algunas precauciones básicas, se pueden evitar muchos ataques.
Eduque al niño
Muchos adiestradores de perros recalcan que no debe dejarse a niños pequeños y perros solos, sin vigilancia adulta. Los niños pequeños no saben tratar a los animales. Se les debe enseñar. Por consiguiente, muchas personas tienen como norma mantener a los perros y a los niños pequeños en lugares separados si no puede estar presente un adulto responsable. El adiestrador Brian Kilcommons señala en el libro Childproofing Your Dog (Enseñe a su perro a convivir con niños): “Por las historias que oímos, la mayoría de los problemas surgen cuando los adultos no están pendientes”.
Con frecuencia los animales necesitan que se los proteja de los niños. Una familia pidió ayuda a Kilcommons porque el perro de la casa había intentado morder al niño. El angustiado padre le explicó que su hijo de dos años y medio había corrido hacia el perro, que dormía, y le había dado una fuerte patada. El animal, obviamente dolorido, respondió haciendo el gesto de morder al niño. Dada la situación, es admirable que no llegara a hacerlo. Este adiestrador recomienda a los padres: “No consientan que su hijo le haga a un perro lo que no permitirían que le hiciera a otro niño”.
Enseñe a su hijo a tratar bien a los animales. Explíquele que nunca debe molestar a un perro. Los padres deben estar alerta para detectar peligros potenciales cuando hay niños y perros juntos. Si nota que el perro intenta huir o esconderse de un niño, haga que este deje de perseguirlo. Si el niño no desiste y lo acorrala, la única defensa del animal es ladrar, gruñir o incluso morder. Los padres deben disciplinar consecuentemente tanto al perro como al niño para que ambos capten la seriedad del asunto.
No margine al perro. Cuando en una familia que tiene perro llega el primer hijo, puede desarrollarse la tendencia de no hacer caso del perro y relegarlo al patio. Si bien es prudente tomar precauciones, el adiestrador Richard Stubbs aconseja: “No marginen al perro. Más bien, permítanle continuar con sus actividades diarias en la medida de lo posible y dedíquenle una cantidad razonable de atención”.
Explique al niño cómo actuar ante perros extraños. Si el niño ve a un extraño paseando al perro por la calle, ¿cómo reacciona? ¿Corre impetuosamente hacia el animal para acariciarlo? Enséñele que no debe hacerlo. Primero tiene que pedir permiso al dueño y, si lo obtiene, entonces puede dirigirse lentamente hacia el perro para no asustarlo. Debe presentarse hablándole calmadamente a cierta distancia. Si es un perro amigable, él mismo irá hacia el niño. En cuanto a los perros callejeros, es mejor no acercarse a ellos. (Vea el recuadro “Lenguaje corporal canino” de la página 22.)
Eduque al perro
Siempre encomie a su perro y sea animoso. Los castigos y las palabras ásperas no aceleran el aprendizaje, sino todo lo contrario. Conviene que el perro aprenda a acudir a su amo cuando este lo llama y a obedecer órdenes básicas como “siéntate”. Los perros aprenden sumisión, lo cual da control al amo sobre situaciones difíciles. Las palabras y expresiones sencillas son las más efectivas. Utilice siempre las mismas. Cuando su perro realice la acción deseada, prémielo de inmediato con una alabanza, una caricia o algo de comer. Para reforzar dicha conducta, debe darle el premio inmediatamente después de haber realizado la acción. El siguiente paso esencial es la repetición hasta que la conducta quede firmemente arraigada.
Si adquiere un perro, ya sea un cachorro o un perro más crecido, es posible que este necesite ayuda para acostumbrarse a los niños. Los niños reaccionan de manera diferente a los adultos. Son más ruidosos e impulsivos, y con frecuencia se abalanzan sobre el animal, lo cual puede sobresaltarlo. Sería bueno habituar al perro a este comportamiento tan imprevisible. Cuando no estén presentes los niños, acostúmbrelo a los ruidos repentinos. Convierta el adiestramiento en un juego. Grítele una orden y corra hacia él. Acto seguido, prémielo. Aumente paulatinamente el volumen de sus gritos. Acabe hablándole y acariciándole afectuosamente. En poco tiempo se entusiasmará con este juego.
A los niños pequeños les encanta abrazar a los perros, pero se les debe enseñar a no hacerlo, pues algunos se sienten amenazados con el contacto tan estrecho. En caso de que haya niños que abracen a su perro, adiéstrelo para que lo acepte. Déle un abrazo breve y, a continuación, algo de comer y un encomio. Vaya aumentando poco a poco la duración de los abrazos. Si gruñe, solicite ayuda a un buen adiestrador.
El perro agresivo
Algunos perros parecen ser agresivos por naturaleza y pueden representar un peligro para la familia. Los machos tienen mayor tendencia a manifestar características agresivas.
Al perro dominante no le gusta que lo toquen, sobre todo en las zonas sensibles, como la cara y el cuello. Sin embargo, puede que en ocasiones se le acerque, le empuje suavemente o le ponga las patas en las rodillas, “pidiendo” su atención. Tal vez vigile zonas estratégicas de la casa, y ni siquiera permita el acceso a ellas a los miembros de la familia. A menudo se muestra posesivo con objetos tales como juguetes, y cuando está entretenido con ellos y se acerca alguien, deja de morderlos o se pone a gruñir.
Para reafirmar su poder, tales perros desobedecen deliberadamente órdenes conocidas. A veces chocan contra los niños o esperan ser los primeros en pasar por una puerta. También es posible que se sientan inclinados a cubrir a las personas, lo cual, según Brian Kilcommons, ‘no tiene una motivación sexual’, sino que constituye “un acto de prepotencia”. Kilcommons advierte que esta conducta “siempre denota que el perro piensa que él es quien manda. Con toda seguridad surgirán problemas”. El perro puede asimismo adquirir el hábito de agarrar con la boca la mano de su dueño para llamar su atención.
No deben pasarse por alto tales manifestaciones de agresividad. Esta no va a desaparecer; lo más probable es que aumente, con el consiguiente peligro para los niños de la casa. Muchos adiestradores recomiendan la castración, sin importar el sexo, como remedio para reducir la agresividad.
No es aconsejable desafiar a un perro agresivo para demostrarle quién manda. De hecho, los enfrentamientos violentos y la disciplina dura pueden ser peligrosos. Hay formas más sutiles de enseñarle al perro quién tiene la autoridad en la casa.
Cada vez que un perro agresivo se aproxima para demandar la atención y se le da, el animal se reafirma en su convicción de que él es quien tiene el control. De modo que, cuando se vea en tal situación, haga caso omiso del perro. Toda la familia debe cooperar a este respecto. El animal se desconcertará al principio y quizá ladre o lo mire con ojos cautivadores, pero no ceda a la tentación de hacerle caso. Cuando se retire y tal vez se vaya a acostar a su rincón, entonces será el momento de dedicarle un poco de atención. De esta manera su perro aprenderá que usted es quien manda y que usted decide cuándo darle atención.
Los juegos agresivos como el de medir las fuerzas tirando de ambos extremos de una cuerda y la lucha pueden fomentar la tendencia del perro a dominar a los demás, de modo que deben evitarse. Reemplácelos con juegos no agresivos.
No es prudente que el perro duerma en las habitaciones de la familia. El dormitorio es una zona privilegiada, y si duerme ahí, entenderá que ocupa una posición superior a la de los niños de la casa. Más bien, ponga la cama del animal en la cocina o en una caseta en el exterior. Es en los dormitorios donde generalmente los perros agresivos muerden a sus amos por primera vez.
Si su perro no responde a sus esfuerzos o si, mientras lo está adiestrando o en cualquier otro momento, usted se siente amenazado, busque la ayuda de un adiestrador de perros competente. Su veterinario puede recomendarle uno. Hable con el adiestrador en primer lugar sobre sus métodos, y contrate sus servicios solo si le convencen sus aptitudes. El adiestrador Richard Stubbs advierte: “Aunque un perro agresivo responda a un adiestrador profesional, no hay garantías de que actúe de igual manera con su amo”. El dueño debe asegurarse de que puede controlar a su perro en situaciones críticas.
Hay algunos perros que siguen siendo agresivos aun después de recibir el mejor adiestramiento. Conservarlos en la casa pone en peligro a la familia. Si ya lo ha intentado todo con su perro, posiblemente piense que es mejor desprenderse de él que arriesgarse a sufrir daños. Pida consejo a un veterinario o un adiestrador. Tal vez encuentre otro hogar para él, pero, naturalmente, su deber es contar al nuevo amo los problemas que ha tenido con el animal.
El adiestrador Peter Neville aconseja: “Los perros dominantes deben tratarse únicamente según unas pautas estrictas y después de determinar para quiénes continuará representando un peligro y hasta qué grado. Si no se puede garantizar seguridad para el miembro de la familia más vulnerable, es mejor entregarlo a un nuevo amo cuidadosamente seleccionado o sacrificarlo”.
Los niños que tienen perros como mascotas aprenden mucho y se benefician emocionalmente. Si los padres llevan un buen control, contribuirán a que los recuerdos que sus hijos guarden de las mascotas sean agradables.
[Recuadro de la página 22]
Lenguaje corporal canino
La conducta característica del perro agresivo revela sus intenciones poco amistosas. Si usted enseña a su hijo a reconocer el lenguaje corporal canino, lo ayudará a evitar situaciones peligrosas.
● El perro agresivo intenta parecer más grande de lo que es. Tal vez presente el pelo del cogote erizado, y gruña o ladre con el rabo erecto. Los movimientos rígidos y rápidos de su rabo no denotan amigabilidad. Hay que dejarlo en paz.
● El perro temeroso se agacha, con la cabeza y las orejas bajadas y el rabo también hacia abajo o entre las patas. Si alguien se le acerca, el miedo puede volverle agresivo. No lo moleste.
● El perro tranquilo mantiene la cabeza ni muy alta ni muy baja, la boca abierta y el rabo ligeramente por debajo de la línea dorsal, sin llegar a colgar. Los movimientos del rabo son señal de amistad. No suele presentar ningún riesgo hacerse amigo de ese perro.
(Basado en el libro Childproofing Your Dog, de Brian Kilcommons y Sarah Wilson.)
[Ilustraciones y recuadro de la página 23]
Medidas de seguridad con los perros
1. Esté pendiente cuando haya niños pequeños y perros juntos.
2. Enseñe a su hijo a no molestar nunca a un perro.
3. Antes de acariciar a un perro extraño, pida permiso al amo.
4. Adiestre a su perro para que obedezca órdenes básicas.
5. Acostumbre a su perro a los abrazos.
6. Evite los juegos agresivos.