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  • g70 8/11 págs. 19-20
  • “Siento haberme tardado tanto”

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  • “Siento haberme tardado tanto”
  • ¡Despertad! 1970
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¡Despertad! 1970
g70 8/11 págs. 19-20

“Siento haberme tardado tanto”

¿HA TENIDO usted planes de escribir una carta, pero ha seguido postergando la escritura? Entonces, cuando realmente se puso a pensar seriamente en ello, la demora probablemente se había extendido a semanas, quizás a meses. ¡Con razón su carta entonces quizás comenzó con la disculpa: “Siento haberme tardado tanto”!

Usted no es el único que se encuentra en esas circunstancias. Sin duda usted ha recibido cartas de otros, disculpándose por la demora o por un largo silencio. Otros comprendieron, tal como usted, que la respuesta debió haberse escrito con mayor prontitud. Y mientras más larga es la demora más embarazosa puede llegar a ser la situación, tanto, que se ha sabido de personas que deciden al fin no contestar. ¿A qué se debe esta tendencia común de postergar la escritura?

Son muchos los asuntos que exigen nuestro tiempo y atención. Pero nos damos tiempo para actividades vitales como nuestro trabajo, comer, ir de compras y dormir cada noche. Por lo tanto, a menudo solo se trata de darnos tiempo para contestar a amigos cuyas cartas hemos apreciado.

Por qué escribimos

Quizás nos ayude a enfrentarnos a este problema el considerar algunas de las razones que impulsan a escribir cartas a los amigos y a los parientes. En tiempos pasados las familias solían vivir en el mismo vecindario inmediato. No había la misma necesidad de escribir cartas. Pero hoy la situación es bastante diferente. De ninguna manera es raro que miembros de la misma familia estén esparcidos extensamente a través de su propio país, o aun en tierras lejanas.

¿No es una obligación moral el interesarse unos en los otros, los padres en los hijos, los hijos en los padres? ¡Ciertamente la falta de interés en esas circunstancias podría interpretarse como falta de cariño natural!

Pero aun aparte de cualquier idea de obligación, hay el placer singular del que uno disfruta cuando ministra para otro, suministrándole lo que necesita. Es aun más satisfactorio que recibir un regalo de alguien. Sus amigos y parientes ciertamente se sentirían animados al recibir alguna evidencia de su bienestar, una carta alegre y noticiosa de su pluma. ¿Lo duda usted? Entonces simplemente piense en lo que usted mismo ha sentido.

Pocas cosas se reciben con tanto deleite como una buena carta. Por lo general nos excita agradablemente recibirla. Nos hace sentir felices, felices de que alguien haya pensado en nosotros, ¿verdad? Y hay viva expectativa cuando abrimos la carta. Hasta entonces es una especie de misterio. ¿Qué hallaremos dentro? Quizás sean experiencias interesantes de alguna persona, la expresión de amor a nosotros de ella o una expresión de bondad y consideración.

¡Ciertamente, entonces, nos gustaría ser la causa de que otra persona obtuviera la misma excitación y el mismo placer al recibir una carta!

Lo que podemos hacer

Aunque estemos excepcionalmente ocupados, ¿no hay algo que uno pueda hacer para mantenerse en comunicación con los amigos y los parientes? ¿Qué hay en cuanto a enviar una tarjeta-carta o una tarjeta postal ilustrada? Hasta se podría enviar solo una nota breve. No hay que escribir una carta larguísima. De hecho, las cartas demasiado largas pueden ser cansosas, especialmente si la gente a quien uno escribe también está ocupada. El libro Along the Road lo expresa así:

“Hay muchas personas que casi nunca escriben a los viejos amigos, porque creen que si alguna vez escriben tienen que escribir extensamente. Pero ése es un gran error; y por este indolente retenerse se rompen muchos vínculos buenos. Lo que importa es la carta, no la longitud ni la calidad literaria de la carta. Y es lastimoso pensar que unas cuantas palabras escritas de prisa en una hoja de papel tres o cuatro veces al año podrían salvar una buena amistad que estuviera pereciendo con indiferencia por no ser nutrida.”

No, no hay necesidad de esperar hasta que usted tenga suficiente materia para llenar una carta larga. De hecho, bien puede ser que la persona que esté esperando su carta se interese principalmente en saber que le va bien a usted, física y espiritualmente. Por eso, ¿por qué no dárselo a saber pronto? Y, sin falta, exprese su interés en saber cómo le va a ella.

Las amistades son preciosas. Los amigos están deseosos de saber los acontecimientos y desenvolvimientos que les afectan y comunicárselos unos a otros. Los hijos y los padres tienen un vínculo estrecho. Los jóvenes que están lejos de casa ciertamente deben desear saber cómo les va a sus padres. Y los padres pueden escribir buen consejo a la generación más joven.

Puede disfrutarse de escribir

El escribir no tiene que ser un fastidio ni una dura faena. Uno puede anotar en un bloc de papel de vez en cuando las cosas que quiere incluir en su siguiente carta. Quizás usted tenga algún relato chistoso que contar o alguna experiencia. Las experiencias que le producen placer a usted también les gustarán a otros. Resuelva, también, que su carta sea algo que anime.

Y usted siempre puede hablar de cosas que recuerda. Eso estrecha más la amistad. Si usted escribe a sus padres, sería excelente darles a saber que usted no ha olvidado los muchos detalles interesantes de la vida en el hogar... aquella planta que estaba en la sala, de la cual mamá estaba tan orgullosa, o aquel cerezo en flor que se veía desde la ventana de la cocina. ¿Está trabajando papá todavía en aquel proyecto del sótano? ¿Le toca ahora al hermano menor hacer los trabajos de la casa? El que usted pregunte muestra su interés.

Sí, una carta puede avivar el día de otra persona, así como aviva el de usted. Siempre que se incline a postergar el escribir cartas por demasiado tiempo, simplemente piense en todo el bien que puede efectuar su breve misiva. Trate de evitar el tener que comenzar sus cartas con “Siento haberme tardado tanto.” En vez de eso, ¡escriba pronto!

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